Unos 70 indígenas aymaras, montando motocicletas, rompen la quietud de la estepa azotada por el viento.

Súbitamente se lanzan en una frenética carrera para atrapar y esquilar vicuñas salvajes que por siglos han procreado en las altas montañas de los andes bolivianos.

Hasta hace poco, los nativos armaban gigantes cordones humanos para rodear al animal, pero ahora lo hacen a bordo de motos de fabricación china, las más baratas que se venden en el país.

La lana de vicuña, el más pequeño de los camélidos sudamericanos, es cotizada en mercados de la alta moda por su finura, suavidad y rareza. Un kilo de la fibra sin procesar puede costar entre 300 y 500 dólares. Estrellas de cine como Daniel Craig y multimillonarios como Donald Trump, suelen lucir trajes con ese hilo.

En Ucha Ucha, una aldea a 4.500 metros de altitud en la reserva de vida silvestre de Apolobamba, a 269 kilómetros al noroeste de La Paz, un centenar de hombres y mujeres se han reunido para la esquila que durará cuatro días.

Una ofrenda a la Pachamama (Madre Tierra) para pedir por una buena cosecha, marca el inicio de la cosecha que comienza en octubre.

Un sol intenso cae a plomo sobre la puna, las ráfagas de viento parecen cortar el rostro cuarteado de los indígenas. Los motociclistas arrean el rebaño hasta un inmenso cerco armado con redes y palos en la planicie donde las vicuñas quedarán atrapadas por cinco horas mientras dure la esquila. Después serán liberadas.

En corrales más pequeños, dos hombres tumban al animal y lo sostienen mientras otro corta el pelo con mano diestra. Con suerte acumularán en un día hasta 40 kilos de fibra de hasta cuatro centímetros que es el mayor tamaño que puede alcanzar y podrán esquilar hasta 500 vicuñas en cuatro jornadas.

"Antes esquilábamos cada año, ahora cada dos porque la fibra es pequeña. Las ganancias nos repartimos los miembros de la comunidad y es de una gran ayuda porque en estas alturas (la tierra) no produce nada", dice Gregorio Blanco, presidente de los esquiladores.

La vicuña es una animal silvestre a diferencia de la llama y alpaca que han sido domesticadas por los aymaras. Es asustadiza y puede suicidarse si el encierro dura muchas horas, dicen los nativos. Una de las atrapadas estrella su largo cuello contra el corral improvisado

Antes había que reunir a mucha gente para acorralar al rebaño, pero con la moto se facilitó esa tarea, dice Adolfo Becerra. Cronistas coloniales relatan que hace cinco siglos, los incas movilizaban multitudes para cercar a los animales y la esquila era una ceremonia festiva.

La vicuña, la llama, alpaca y el guanaco habitan los páramos andinos de Bolivia, Perú, Chile y Argentina.

La esquila también permite a los indígenas censar el hato y aplicar antiparásitos a los animales. Durante al año los nativos hacen rondas contra cazadores furtivos que en décadas pasadas diezmaron a la vicuña. Hoy la caza está prohibida.

El aprovechamiento de la fibra no ha hecho ricos a los indígenas pero les permite obtener un ingreso anual equivalente a unos 300 dólares a cada familia de Ucha Ucha que equivale a dos meses del salario mínimo nacional.

Bolivia tiene más de 115.000 vicuñas. El año pasado exportó 373.000 kilos de fibra por un valor de 2,9 millones de dólares, casi tres veces más que en 2009. Los principales mercados son Alemania e Italia, según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior.

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Carlos Valdez está en Twitter como: @cvaldezm