Lucian Freud, genio de la pintura figurativa, era un hombre impredecible, mujeriego y egoísta, y tan obsesionado por su trabajo que llegaba a pintar varias modelos en un mismo día, según una biografía sobre el artista británico.

El periodista Geordie Greig, director del dominical "The Mail on Sunday", acaba de publicar en el Reino Unido "Breakfast with Lucian" (Desayuno con Lucian), basado en las conversaciones que mantuvo con el pintor los últimos 15 años de su vida hasta su muerte, ocurrida el 20 de julio de 2011 a los 88 años de edad.

Más que una transcripción del diálogo que ambos mantuvieron cada mañana en un restaurante de Londres, el libro es un retrato de la personalidad de uno de los mejores pintores del Reino Unido, país al que llegó en 1933 procedente de su originaria Alemania, debido al auge del nazismo y la persecución de los judíos.

Pocos años después Lucian Freud obtuvo la nacionalidad británica.

Nieto del creador del psicoanálisis Sigmund Freud, el artista de la figura realista, famoso por sus gigantescos retratos de desnudos como uno de la modelo Kate Moss, era visto como una persona reservada, casi misteriosa, que elegía cuándo y a quién ver.

Greig tuvo el privilegio de entablar amistad con Freud después de enviarle numerosas cartas en las que expresaba su admiración y su deseo por conocerle.

Esta insistencia resultó fructífera cuando un día el pintor le envió una postal en la que le citaba una mañana a las siete menos cuarto en su estudio de Holland Park (oeste de Londres), lugar que el periodista describe como muy caótico, lleno de trapos sucios y pinturas esparcidas por todas partes.

A partir de entonces, ambos desayunaron juntos casi todos los días a las siete y media de la mañana en el restaurante Clarke, de Notting Hill, donde hablaban de todo, desde la vida mundana hasta de libros de Gustave Flaubert, Johann Goethe o Ian Fleming.

Según Greig, al principio a Freud le costaba soltarse, pero con los días y meses empezó a hablar de su vida, sus amantes y su actitud hacia el trabajo y las personas.

"Nunca hizo nada que fuera predecible, formal o sin sorprender. Podía hablar de Ian Fleming en los 40 o de Kate Moss en un espectáculo de moda en 2008", afirma el periodista en su libro, que acaba de publicar la editorial Jonathan Cape.

"Podía pasar de hablar de poesía, cotilleos de alguien hasta de las críticas sobre cartas de Flaubert. Era un conversador realmente fantástico", cuenta Greig, admirador de Freud desde los 17 años.

En sus conversaciones, Freud, que admitía era un hombre muy egoísta, le habló de que tuvo alrededor de 500 amantes y de sus catorce hijos, pero con los que apenas llegó a vivir.

"Mira, soy egoísta. Tengo relaciones si quiero, pero si no quiero, no las tengo", admitió Freud.

En su libro, Greig cuenta también la personalidad excéntrica del artista y su obsesión por pintar, buscar modelos y crear "gran arte".

"A veces tomaba hasta tres baños al día. Y pintaba constantemente, a veces tenía a tres modelos en distintos momentos del día en (un periodo) 24 horas", cuenta Greig.

Freud -añade- parecía sumido en una "carrera contra el tiempo para crear arte. Realmente una carrera contra el tiempo, más y más, tratar de encontrar imágenes".

En los últimos años de su vida la obra de Freud fue muy valorada en los mercados del arte del mundo y, en concreto, fue en 2008 en la casa Christie's de Nueva York donde se vendió la obra que lo convirtió entonces en el pintor vivo más cotizado del mundo.

Era el lienzo "Benefits Supervisor Sleeping" (1995), que mostraba a una mujer obesa recostada en un sofá, subastado por 33,6 millones de dólares.