Hace apenas unos años, Mianmar era una dictadura aislada que avergonzaba a la Asociación de Naciones del Sureste Asiático con su pésimo historial de violaciones a los derechos humanos.

Pero el panorama ha cambiado y ahora se apresta a asumir las riendas del bloque por primera vez, algo que sus críticos dicen es prematuro, dados los conflictos en el país que han dejado centenares de muertos y cientos de miles de desplazados.

El nombramiento de Mianmar para presidir la ASEAN (siglas en inglés de la asociación) busca reconocer la transformación del país desde que su junta militar le entregó el poder a un gobierno electo hace dos años, y algunos esperan que centrar la atención en esa nación sirva para incentivar más reformas.

Pero a Mianmar aún le queda mucho por cambiar. La semana pasada, humo y llamaradas se alzaron de nuevo de los escombros de casas musulmanas y mezquitas saqueadas por turbas budistas, esta vez en Thandwe, en el estado occidental de Rakhine, donde cinco personas murieron, incluida una anciana musulmana de 94 años que estaba demasiado débil para huir.

"Desde el punto de vista de los derechos humanos, la presidencia (de la ASEAN) es un honor que el gobierno no se ha ganado", dijo Matthew Smith, experto en Mianmar que dirige el grupo Fortify Rights.

"Más de 250 personas se han visto desplazadas de sus hogares en los últimos dos años; los abusos de guerra continúan y existe una campaña de 'limpieza étnica' de comunidades islámicas, lo que crea una crisis regional de refugiados", dijo. "Nada de eso indica liderazgo regional".

Mianmar será nombrado oficialmente presidente de la ASEAN — organismo que busca promover el desarrollo económico y la cooperación en la región — en una ceremonia en Brunei el jueves, pero no asumirá las funciones hasta el 1 de enero.

En ocasiones, la ASEAN criticó a Mianmar al considerar la dictadura militar allí como un obstáculo al progreso regional. Pero en 1997, cuando la nación conocida previamente como Birmania fue admitida a la ASEAN pese a la intensa oposición de Occidente, el bloque dijo que buscaba alentar cambios positivos.

No obstante, Mianmar cambio muy poco hasta el 2011, cuando la junta militar cedió el poder a un gobierno casi civil encabezado por oficiales retirados del ejército. Pocos esperaban una transformación, pero el gobierno del presidente Thein Sein sorprendió al mundo con una ola de reformas que ha liberalizado la economía y la política.

Aung San Suu Kyi — la veterana líder opositora que se pasó la mayor parte de las últimas dos décadas prisionera en su propia casa — es ahora una legisladora electa. Centenares de prisioneros políticos han sido excarcelados. Un rígido sistema de censura de prensa fue abolido. Y el gobierno ha firmado acuerdos de cese del fuego con la mayoría de los grupos rebeldes.

Pero queda mucho por hacer. La violencia antimusulmana que estalló en junio del 2012 se ha extendido por el país, desplazando a casi 150.000 personas, sin que se avizore el fin. Y en el norte, los combates entre el ejército y rebeldes de la etnia kachin prosiguen, con más de 100.000 desplazados.

La ASEAN, en tanto, mantiene en gran medida su postura: dice que trata de alentar más reformas.

"Nosotros admitimos que persisten problemas... y consideramos que ellos están tratando de resolverlos lo mejor que pueden", dijo el miércoles el portavoz de la presidencia de Filipinas, Ricky Carandang, en Brunei.

"Pero también necesitamos reconocer los espectaculares cambios que han tenido lugar en ese país y las reformas adoptadas por el presidente de Mianmar", agregó.