Mi mandato acaba el 29 de noviembre de 2013. Ese día me retiraré", sentenció anoche el jefe del Ejército paquistaní, Ashfaq Pervez Kiyani, quien salió así al paso de la cascada de rumores sobre su posible continuidad en el cargo.

La clarificación de Kiyani sobre su futuro abre de forma pública el proceso de relevo en uno de los puestos clave del poder en Pakistán, hasta ahora muy opaco.

"He servido al país con mis mejores habilidades y la más sincera intención", aseguró Kiyani mediante un comunicado que hoy copa portadas e informativos, ya que da el pistoletazo de salida al relevo en la cúpula del poderoso Ejército paquistaní.

En los últimos días, numerosos medios locales y extranjeros habían hecho conjeturas de que Kiyani, aupado a la jefatura militar en 2007, buscaba seguir en el cargo o al menos manejar los hilos del estamento militar desde un puesto secundario.

El debate sobre la jefatura de la cúpula militar tiene una especial importancia en Pakistán, donde el Ejército ha gobernado durante la mitad de los 66 años de historia del país.

"Mis actuales responsabilidades y posibles planes de futuro han sido objeto de debate en la prensa con todo tipo de rumores y especulaciones", aseveró anoche el aún jefe del Ejército.

"Las instituciones y tradiciones son más fuertes que los individuos y deben pasar por delante de estos", dijo el general en un texto destinado a acabar con los rumores.

Sin embargo, un analista local próximo a los círculos militares interpretó en declaraciones a Efe el inusual comunicado -Kiyani ha sido muy parco en sus comunicaciones públicas- como una constatación de que el jefe del Ejército quería de hecho mantenerse en el puesto.

Según este experto, ante el fracaso de sus gestiones, Kiyani ha salido al paso con esta nota para limpiar su nombre.

Otros analistas consultados criticaron el comunicado por el hecho de que no le corresponde al responsable del Ejército sino al poder civil decidir y comunicar los relevos en la cúpula militar.

"El Gobierno no ha sabido cerrar un debate que era peligroso para la tranquilidad institucional del país y de las Fuerzas Armadas, así que lo ha tenido que hacer el propio Kiyani" afirmó el general retirado Talat Masud.

De parecida opinión es la escritora y experta en asuntos militares Ayesha Siddiqa, quien sin embargo matiza que Kiyani tenía que haber esperado a que el Ejecutivo marcara los tiempos y que la nota emitida anoche es "un exceso" del jefe del Ejército.

Kiyani accedió al cargo en 2007, cuando fue designado por su antecesor, el general golpista Pervez Musharraf, en un intento de este de lavar la cara a su régimen y darle una pátina de legitimidad democrática renunciando a la jefatura militar.

Su buen hacer y perfil relativamente bajo, algo muy útil en un momento de restauración democrática, le valió una poco habitual extensión por tres años más en 2010, aunque su segundo período fue más turbulento.

Kiyani tuvo que hacer frente al enorme malestar que causó en el seno del cuerpo militar la operación unilateral de EEUU que en mayo de 2011 abatió a Osama bin Laden en suelo paquistaní para humillación de las Fuerzas Armadas locales.

Ese incidente desembocó en un polémico episodio conocido como 'memogate', en el que el Gobierno encabezado por el entonces presidente Asif Alí Zardari pidió ayuda a Washington ante lo que consideraba que era un peligro inminente de golpe militar.

Kiyani consiguió ayudar a reconducir ambos retos y se ganó cierto prestigio dentro y fuera del país por su claridad al enunciar que el principal enemigo de Pakistán era la insurgencia yihadista que azota el país asiático, en especial desde hace un lustro.

El primer ministro, Nawaz Sharif, aseguró tras asumir el poder en junio que el nombramiento del sucesor de Kiyani va a responder sobre todo a criterios de antigüedad en el Ejército.

Los dos principales candidatos para la sucesión, según medios y analistas, son los generales Rashad Mahmud y Harún Aslam.

Los expertos consultados coincidieron en que el nombramiento se producirá con celeridad, seguramente la semana que viene, para acabar con la incertidumbre sobre quién ocupará la jefatura del Ejército de Pakistán durante los próximos tres años. Pau Miranda