El pulso entre republicanos y demócratas y el cruce de reproches no cesan en EE.UU. mientras el país afronta ya su sexto día con buena parte de la administración federal cerrada, debido a la falta de acuerdo sobre un presupuesto.

Una docena de legisladores y funcionarios del gobierno del presidente Barack Obama continuaron hoy en los programas de televisión dominical sus intercambios de acusaciones de los que se deduce que el final del bloqueo no está ni mucho menos cerca.

El senador republicano de Texas, Ted Cruz, considerado el adalid de la facción en el Congreso que ha dejado sin fondos al Gobierno federal desde el 1 de octubre, reiteró hoy su convicción de que la intransigencia está en la Casa Blanca por negarse a negociar con ellos.

Cruz y otros legisladores alineados con el movimiento ciudadano Tea Party, enemigo acérrimo del poder central, condicionan los fondos y aún el incremento del endeudamiento nacional, a que se prive de fondos la reforma sanitaria promulgada por Obama en 2010.

La reforma, que pretende extender la cobertura sanitaria a unos 40 millones de estadounidenses que hoy carecen de seguro, es considerada por una mayoría de republicanos como un plan ruinoso y una injerencia intolerable en los derechos individuales porque obliga a todos, so pena de multa, a contratar un seguro privado.

El presidente Obama y el Partido Demócrata sostienen, por su lado, que la aprobación de fondos para el funcionamiento de la administración central y el aumento de la deuda nacional son obligaciones del Congreso que no pueden vincularse con el repudio de la ley de salud de 2010.

La ley, argumentan, está en vigor después de haber sido aprobada por el Congreso, promulgada por el presidente, validada por el Tribunal Supremo, y nuevamente refrendada por el pueblo estadounidense en las últimas elecciones presidenciales en las que el candidato republicano, Mitt Romney, que hizo bandera de su abrogación, resultó derrotado.

Cruz no mostró hoy ninguna disposición a flexibilizar sus posiciones, y opinó que los ataques que le dirigen los demócratas, y aún las admoniciones que le han administrado algunos de sus colegas republicanos en el Senado, son prueba de que "estamos ganando".

Recientemente causaron escándalo varias declaraciones privadas en las que responsables tanto demócratas como republicanos reconocían que les daba igual cuánto durara el conflicto porque, en su opinión, la parálisis beneficiaba políticamente a sus respectivos partidos.

Obama tuvo que intervenir para desautorizar la afirmación de un funcionario de la Casa Blanca, citado anónimamente por el diario conservador The Wall Street Journal, de que los demócratas "estaban ganando" el pulso ante la opinión pública.

El hecho es que, no sólo los funcionarios licenciados temporalmente, sino la población en general nota cada vez más, conforme pasan los días, los efectos del parón administrativo, en servicios concretos como la campaña de vacunación, el cierre de guarderías públicas, el retraso de los trámites migratorios, los chequeos de salud, o simplemente los viajes turísticos.

En ausencia de un acuerdo, el Gobierno federal suspendió a unos 800.000 empleados públicos en todo el país el martes.

Ayer, la Cámara de Representantes, con 407 votos a favor y ninguno en contra, aprobó una iniciativa que garantiza a esos empleados que cobrarán retroactivamente los días no trabajados, pero sólo una vez que la administración retorne a sus funciones plenas, lo que no tiene fecha aún.

El Senado, por su parte, dedicó cinco horas de oratoria, principalmente de demócratas, instando a los republicanos en la Cámara baja a que restablezcan el funcionamiento entero del Gobierno federal, y luego cerró la sesión sin votación alguna.

Senadores demócratas como Carl Levin, de Michigan, y Al Franken, de Minnesota, señalaron como irónico que los republicanos, que habitualmente denuestan al funcionariado público y denigran al Gobierno federal, ahora clamen por el daño que causa al país la cesación de funciones gubernamentales.

Bajo otra ley ya aprobada por el Congreso y promulgada por Obama, que restableció las remuneraciones del personal del Departamento de Defensa, el jefe del Pentágono, Chuck Hagel, ordenó el sábado el retorno al trabajo de más de 350.000 funcionarios.

A pesar de la intransigencia que hoy mostró Cruz, algunos miembros de la Cámara de Representantes alineados con el Tea Party han señalado su disposición a considerar la aprobación de fondos para que reabra el gobierno, y el aumento de la deuda, a cambio de cambios en algunos programas de asistencia social sin tocar la reforma sanitaria.

Los representantes Blake Farenthold, de Texas; Doug Lamborn, de Colorado; y Dennis Ross, de Florida, en declaraciones a la prensa tras la sesión del sábado, indicaron que una posibilidad de acuerdo sobre la deuda sería aprobar el aumento del monto autorizado a cambio de un monto equivalente de recortes en los gastos. EFE