Después que Miguel Cotto perdió sus dos peleas del año pasado, el ex campeón mundial puertorriqueño se tomó varios meses para contemplar si se retiraba del boxeo.

Cotto finalmente decidió seguir peleando. Y para hacerlo, acudió a Freddie Roach.

Casi todos los días por los dos últimos meses, Cotto llegó a las 5 de la mañana al gimnasio Wild Card Boxing Club, en Hollywood, para someterse a tres horas de acondicionamiento físico. Luego regresaba de su casa alquilada todas las tardes, para dos horas de entrenamiento con los guantes con Roach.

"Todavía tengo esa pasión, esa misma sensación", afirmó Cotto. "Estamos comprometidos para que nos vaya bien, y queremos lucir increíble en la pelea. Estamos trabajando juntos para conseguir mi mejor rendimiento".

El sur de California es un lugar extraño para encontrar al mejor púgil boricua de esta generación. Cotto se ha entrenado en su isla y en Florida en años recientes, y tiene una numerosa fanaticada en Nueva York, donde ha vendido más boletos para verlo pelear en el Madison Square Garden que cualquier otro púgil este siglo.

Cotto (37-4, 30 nocauts) decidió que, a sus 32 años, no podía seguir con el mismo patrón en la recta final de su carrera. Necesitaba alejarse de las preocupaciones cotidianas, y necesitaba a Roach, uno de los entrenadores más respetados en el boxeo.

"Pensé que si estaba dispuesto a mudarse para entrenar, entonces se lo estaba tomando en serio", señaló Roach. "Le dije que tendrá que trabajar todos los días, hacer lo que sea que decidamos que tiene que hacer todos los días, y ha cumplido con creces con todo lo que le hemos pedido".

Cotto no estaba solo en el Wild Card durante uno de sus últimos entrenamientos antes de viajar a Orlando, donde será la pelea del sábado contra el dominicano Delvin Rodríguez (28-6-3, 16 nocauts) en las 154 libras.

La esposa de Cotto, Melissa, observaba la sesión vestida con ropa atlética, mientras dos de sus hijos jugueteaban con sus teléfonos. Su madre, Juana, ha estado en Los Angeles durante buena parte de la concentración.

Cotto había perdido sólo dos veces en su carrera antes de caer en sus dos combates de 2012, ante Floyd Mayweather Jr. y Austin Trout. No hay de qué avergonzarse por el primer revés, ya que le dio a Mayweather su más dura batalla en muchos años, pero su pobre desempeño ante Trout hizo que muchos se preguntaran si el boricua estaba acabado.

Tras la derrota contra Trout, Cotto se separó de su entrenador cubano Pedro Díaz. Cotto no dijo por qué lo despidió, pero luego llamó a Roach, el entrenador de Manny Pacquiao cuando el filipino derrotó a Cotto en noviembre de 2009.

"Freddie es la clase de tipo que sabe lo que tiene que decir para que hagas lo que tienes que hacer", señaló Cotto. "Sabe mucho sobre boxeo, está ayudándome mucho en mi carrera".

Roach quiere que Cotto ataque más el cuerpo y sea más activo, para evitar caer en un patrón de pasividad y contragolpeo como en la reyerta con Trout. En las sesiones de sparring en el Wild Card, Roach exigió al menos 100 golpes por asalto a Cotto, quien usualmente cumplió.

"No creo en cambiar a la gente", expresó Roach. "Somos quienes somos, y cuando él estaba en su mejor momento, era excelente en los fundamentos del boxeo. Se había alejado un poco del ataque al cuerpo, y recuperamos eso".

Si Cotto vence a Rodríguez, todavía sería un oponente atractivo para los mejores púgiles en las 154 y 160 libras. Roach cree que la próxima pelea podría ser contra el argentino Sergio "Maravilla" Martínez, monarca del peso mediano, o el mexicano Saúl "Canelo" Alvarez, además de la posibilidad de una revancha con Mayweather.

Cotto no quiere pensar más allá del sábado en Orlando, pero si supera a Rodríguez, estará de vuelta en la costa oeste para planificar el próximo paso.

"Un par de peleas más y se acaba", afirmó. "No estoy pensando en un campeonato o en defender títulos, o en quedarme más de lo que debo. Tengo una idea de lo que quiero hacer, pero todo se decidirá después de esta pelea".