El Museo de Bellas Artes de la ciudad belga de Mons invita al público a descubrir la obsesión con la muerte de Andy Warhol y su fe religiosa, principales temas camuflados en la obra de este artista ensalzado como esteta del consumismo y de la cultura de masas.

La exposición "Andy Warhol, Vida, Muerte y Belleza" trata de ir más allá de los clichés y de las lecturas superficiales de la obra "warholiana", a través de una selección de un centenar de lienzos, 40 impresiones y decenas de fotografías, vídeos e instalaciones, que podrán visitarse desde mañana hasta el próximo 19 de enero.

La muestra se inspira en una célebre frase de Warhol (1928-1987) -"si buscáis algo detrás de la superficie de mis cuadros, no encontraréis nada"-, para indagar en los temas que marcaron la vida y obra de uno de los artistas "más complejos y más influyentes del siglo XX", explicó a Efe el comisario de la exposición, Gianni Mercurio.

"Durante toda su carrera Warhol se afanó en ocultar algo, en conseguir que su vida privada y su personalidad no afloraran en su obra", explicó Mercurio, quien señaló en concreto "la obsesión con la muerte" y "un profundo sentimiento religioso" como trasfondos "encriptados" a lo largo de las múltiples creaciones del artista pop.

La muerte "siempre ha formado parte de su vida", añadió el comisario, quien recordó momentos que marcaron la existencia de Warhol como el fallecimiento de su padre cuando tenía 12 años o el atentado que cometió contra él una actriz rechazada por el estudio del artista, quien llegó a ser considerado clínicamente muerto durante varias horas.

Este leitmotiv es evidente en la serie "Death and Disaster" ("Muerte y desastre"), que incluye fotografías e impresiones sobre suicidios, accidentes de tráfico o ejecuciones capitales en la silla eléctrica, en los que mostró el lado más oscuro del "American way of life" ("estilo de vida americano").

La muerte está igualmente presente en otras pinturas y autorretratos del artista en los que aparece una calavera, así como en sus lienzos de gran formato con armas de fuego y otros instrumentos como cuchillos y tijeras, explicó el comisario.

Y también es el trasfondo de algunos de las obras más coloridas y aparentemente desenfadadas de Warhol, como sus series de Marilyn Monroe -realizada justo después del suicidio de la actriz- y de Jackie Kennedy, en las que retrata a la carismática primera dama a partir de una fotografía tomada durante el funeral tras el asesinato de su marido.

Asimismo, la fe religiosa era uno de los aspectos de la personalidad de Warhol que este escondía "más celosamente", y que al mismo tiempo constituye "la principal clave para entender su obra", según Mercurio.

Warhol, practicante de la Iglesia católica bizantina rutena, dedicó numerosas obras a símbolos religiosos como los huevos o los crucifijos, y durante la última etapa de su vida trabajó en diversas reinterpretaciones del lienzo "La Última Cena", de Leonardo Da Vinci.

Su estilo pictórico "está fuertemente influido por la tradición de la iconografía oriental cristiana", señaló el comisario, quien añadió que el artista "elevó a la categoría de iconos religiosos de nuestro tiempo" a personajes como las antes citadas Monroe y Kennedy, Lenin o Mao Zedong, todos ellos presentes en la muestra.

Warhol fue también un visionario a la hora de encarar la creación artística "como una industria más", así como para "mostrar la paradoja de la sacralidad del arte" en una época caracterizada por la comunicación de masas y en los albores del "corta y pega" de la cultura digital.

El artista estadounidense "aportó algo nuevo en cada disciplina que tocó" -desde la pintura hasta el cine, pasando por la fotografía, la escultura o la literatura-, pero su inquietud creativa también le granjeó el rechazo de numerosos críticos e historiadores del arte.

"Creo que Warhol siempre ha sido y siempre será un objeto de discusión y controversia, pero estoy seguro de que cada vez será más valorado como un creador que cambió la práctica artística", concluyó el comisario.

"Andy Warhol, Vida, Muerte y Belleza" es la exposición elegida por el Museo de Bellas Artes de Mons para reabrir sus puertas al público tras las obras de renovación, y supone también el pistoletazo de salida del amplio programa de eventos culturales que acogerá la ciudad valona como Capital Europea de la Cultura para 2015.

Antonio Hermosín