Iker Casillas, capitán del Real Madrid, volvió a jugar 259 días después un partido oficial en el Santiago Bernabéu, de donde se fue ovacionado por dos paradas en el minuto 90 tras un encuentro en el que se le vio nervioso, pese a sentir un clima calmado y con la normalidad instalada en la grada.

La última aparición de Casillas en el Bernabéu provocó algo inaudito. Los aficionados del fondo sur, devotos del portugués José Mourinho, recibieron al portero madrileño en el Trofeo Santiago Bernabéu ante el Al-Saad de Raúl González, con cánticos en favor de Diego López.

Provocó el enfado del resto de seguidores madridistas que dieron cariño a Casillas, suplente en la Liga y que volvía a jugar tras estar mitad de la temporada pasada en el banquillo por un enfrentamiento personal con su entrenador, Mourinho, después de recuperarse de la lesión más grave de su carrera.

Desde aquel día, el 22 de agosto, Casillas no había vuelto a jugar un solo minuto en el Bernabéu, donde llevaba 259 días sin estar en un partido oficial. Fue el 15 de enero en Copa del Rey, en una noche en la que brilló con luz propia ante el Valencia con paradas salvadoras a Tino Costa, Jonas y Roberto Soldado, y fue clave para el triunfo 2-0 del Real Madrid.

Hoy, comenzó defendiendo ante el Copenhague la portería del fondo sur y en esta ocasión no recibió ninguna recriminación. Pese a ello sus nervios no se rebajaron. La primera intervención la dejó a los 27 minutos, a un disparo abajo de Toutouh. En el minuto 40 dejó una mala salida que provocó un remate de Jorgensen que se estrelló en el travesaño.

En la segunda parte, tras detener un disparo en semi fallo de Claudemir, fue un espectador más antes de demostrar una de sus virtudes. En un partido en el que apenas le llegan, lo acaba con la misma concentración. Le permitió sacar en el último minuto un mano a mano a Christian Bolaños y desviar con una mano el cabezazo de Braateri tras el posterior saque de esquina.

Había pasado desapercibido hasta ese momento, apenas unos aplausos cuando fue nombrado por megafonía, pero el estadio le despidió coreando "Iker, Iker, Iker" tras dos brillantes paradas. Se marchó del césped con buen sabor de boca que calma su mal momento, por su suplencia en Liga, conformándose de momento con ser el portero elegido para intentar dar la 'Décima' al madridismo.