El Oracle estadounidense ha luchado hasta el límite con el Team New Zealand para ganar la Copa América, la competición de vela más importante del mundo y cuyo trofeo, el más preciado y por el que se han enfrentado los mejores barcos y tripulaciones del mundo, es una simple jarra de plata que mide 67,5 centímetros y pesa 3,8 kilogramos.

El trofeo es conocido como 'Auld Mug' (Vieja Jarra) y 'Copa de las 100 Guineas', debido a un error de traducción de moneda porque costó 105 libras (400 euros) y su valor actual es de 200.000 euros. Parece más alto porque en su peana se han añadido los nombres de todos los ganadores, pero el trofeo es la simple jarra.

Lo forjó el joyero real Robert Garrard de Londres en 1848 y fue adquirido por el Royal Yacht Squadron de la Gran Bretaña con sede en Cowes en la isla de Wight.

La entregó la Reina Victoria primera vez el 22 de agosto de 1851 como premio para una regata alrededor de la Isla de Wight. El ganador fue el 'América', una goleta de 30 metros que representaba a la ciudad de Nueva York.

En 1857, ya con el nombre de Copa del América, los vencedores la donaron al New York Yacht Club para realizar una competición internacional, aunque los miembros del club propusieron fundir el trofeo para hacer medallones y que los miembros de la tripulación ganadora las llevasen alrededor de sus cuello, pero se negaron porque querían que fuese el trofeo perpetuo de una competición entre naciones.

Tuvo que ser restaurada en 1997 después de que un manifestante maorí la destrozase con un martillo en Auckland (Nueva Zelanda).La Copa tiene incluso su propio número de viajero frecuente para los vuelos (sólo primera clase) y un guardia de seguridad de paisano al que ya se denomina 'la esposa del trofeo'.

"La Copa es la búsqueda de la excelencia", ha señalado Tom Ehman, que ha participado en la Copa América durante 33 años, y ahora es vicecomodoro del Golden Gate Yacht Club de San Francisco, que ha defendido con éxito el título en esta edición y así mantiene el trofeo en sus vitrinas. "Quizás no es el trofeo más antiguo del deporte, pero sí el más difícil de ganar. Es una prueba del arte y de la ciencia, la tecnología y el trabajo en equipo, la gestión y el liderazgo; es el juego de la vida".

Sólo cuatro países en la historia de la regata han ganado el trofeo: Estados Unidos, 29 veces, Australia (1), Nueva Zelanda (2) y Suiza (2) en sus 162 años de historia.

La obsesión por ganar el trofeo llegó a extremos insospechados. Sir Thomas Lipton, el magnate irlandés del té, trató de ganar la Copa cinco veces a lo largo de tres décadas, desde 1899 hasta 1930, y nunca lo logró. El término de 'Auld Mug' se lo puso él. Lipton, siempre optimista, recibió un trofeo de diamantes con la inscripción "el perdedor más ganador."

El regatista australiano John Bertrand le arrebató el trofeo al New York Yacht Club en 1983. Los neoyorkinos habían mantenido la Copa de 132 años y 25 ediciones, la racha ganadora más larga en la historia del deporte de alta competición deporte internacional. El dominio de Bertrand fue efímero porque Dennis Conner la ganó de nuevo para Estados Unidos en 1987.

El multimillonario estadounidense Bill Koch gastó 68 millones de dólares para ganar la campaña de 1992 para el Yacht Club de San Diego. Llamó a la prueba "la competición deportiva más cruel que he visto en mi vida."

En 1997, el trofeo ganado por Nueva Zelanda en 1995 fue golpeado por un maorí que atacó la Copa al considerarla un símbolo del imperialismo blanco. El trofeo fue reconstruido por Garrard en Inglaterra.

En esta edición la seguridad de la Copa ha estado gestionada por Elizabeth Murphy. "Yo no sabía que a partir de ese momento, sería la 'Mujer del Trofeo'", señaló Murphy, quien reveló que "su programa de exhibición no es diferente a cualquier otra celebridad o estrella de rock. Tiene ruedas de prensa, sesiones de fotos, grabaciones de vídeo, presentaciones patrocinadores, eventos especiales, cenas y similares".

"Pero en comparación con las estrellas de rock y celebridades, nunca se comporta mal o está de mal humor. Tiene una vida muy privilegiada ", comentó.

Para sus traslados se ha realizado un estudio de configuraciones de los aviones que deben transportarla. No cabe en un asiento de primera clase estándar y debe pasar los controles aduaneros de cada país, algo que es mucho más complicado de lo que se puede imaginar. "Al viajar, el trofeo no se queda nunca solo y requiere dos guardias de seguridad a tiempo completo. Ella tiene unos cuantos miles de puntos de vuelo acumulados", incidió Murphy.