Mateo Sancho Cardiel

Nueva York, 26 sep (EFEUSA).- El humor ácido y el retrato del perdedor que tanto fascinan a los hermanos Coen se mezclan con el universo de la música folk americana en "Inside Llewyn Davis", una nueva y pequeña joya para su gran carrera que coquetea con el género musical que hoy presentaron en el Festival de Nueva York.

Ya habían vendido muchos discos con la banda sonora de "O Brother", donde habían puesto a cantar a George Clooney, y, no en vano, como aquella película, "Inside Llewyn Davis" también tiene destellos de "La Odisea", de Homero, aunque esta vez Ulises sea el nombre de un gato.

Pero en este nuevo filme, la música cobra un papel más importante que nunca, también en el plano narrativo, al recorrer el viaje de un perdedor de buen corazón pero de muy poca predisposición que es Oscar Isaac, actor y cantante de origen guatemalteco y sin duda descubrimiento de la película, aunque tenga como "coristas" a Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

Como siempre, "todo empezó con una conversación muy, muy vaga y luego todo se fue concretando", explicó en la presentación de la película Ethan Coen, quien junto con su hermano Joel han ido acostumbrando al público a su lenguaje independiente a través de títulos capitales de los últimos años como "Barton Fink", "Miller's Crossing", "Fargo" o "No Country for Old Men", con la que finalmente ganaron el Óscar.

Así, su curiosidad y fascinación por el auge de la música folk con la llegada de Bob Dylan y su hervidero, el Greenwich Village del Nueva York de principios de los sesenta, detonó su matemático sentido del delirio a través de una consecución de secuencias de impecable precisión visual e intelectual que les hizo merecedores del Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes.

"Hacemos historias de perdedores porque las de los ganadores están ya todas contadas", bromeó Joel Coen, quien reconoció que a ellos siempre la adversidad y la "odisea" de los desfavorecidos les resultan más interesantes desde el punto de vista narrativo y que para hablar del éxito "no sabría por donde empezar".

Eso no significa, desde luego, que lo suyo sean las historias que llamen a la emotividad. Llewyn Davis se mueve hábilmente entre la autoparodia y la autocompasión. Demasiado atolondrado para merecer su suerte pero demasiado tierno como para no sufrir con sus desventuras plagadas de referencias melómanas y humor judío por el que se cuelan no pocas dosis de amargura.

Sin casa, sin trabajo y sin dinero, Llewyn Davis mantiene su viaje a ninguna parte entre la determinación y la resignación. "El protagonista tiene una relación de tortura con el éxito, porque choca con su sentido de la autenticidad, que se empeña en defender material considerado antiguo", explican los Coen, iconos del cine independiente estadounidense que también han tenido que codearse con un lenguaje propio en una industria tendente a lo homogéneo.

No en vano, cuando el protagonista llega a Chicago para dar una nueva oportunidad a su carrera, se encuentra con F. Murray Abraham, que encarnó de manera inolvidable la mediocridad en su papel de Salieri en "Amadeus", y le espeta tras oír sus canciones: "No veo el dinero en ellas".

Para dar la vuelta al, pese a lo hilarante, descorazonador mensaje de la película, el domingo los hermanos Coen y T Bone Burnett serán los anfitriones de un concierto de folk llamado "Another Day, Another Time" (otro día, otro tiempo) en el que, además de Oscar Isaac y Carey Mulligan, pasarán por el escenario Joan Baez, Pattie Smith, Marcus Mumford, The Avett Brothers o Willie Watson. EFE