Una clara división sobre la reforma de los servicios médicos ha comenzado a surgir entre los candidatos republicanos en potencia a las elecciones presidenciales de 2016, lo que representa un anticipo de las batallas que enfrenta el partido para reconstituirse y tratar de llegar a la Casa Blanca.

El senador Ted Cruz, republicano por Texas, dice que luchará "con todas sus fuerzas" para evitar la implementación de la ley de reforma de los servicios médicos del presidente Barack Obama, su gran logro en política nacional, aunque eso signifique obligar al cese de las operaciones del gobierno federal. Es una postura que el ex gobernador de Florida Jeb Bush califica de "muy arriesgada" políticamente para los republicanos.

Otros, como el senador Marco Rubio, republicano por Florida, dicen que su postura es cuestión de principios y afirman que están dispuestos a oponerse a la ley a cualquier precio.

Pero también están los que asumen una postura pragmática al aceptar la ley, aunque a regañadientes, y seguir adelante. En este grupo están los gobernadores Chris Christie, de Nueva Jersey, y Scott Walker, de Wisconsin, quienes dicen que interrumpir las operaciones del gobierno sería una violación de la confianza de los ciudadanos.

"El gobierno tiene que funcionar, por eso no creemos en que debe paralizarse a propósito", le expresó Walker a los reporteros tras salir de una conferencia de republicanos el sábado en Michigan.

La Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, aprobó el viernes un plan de gastos a corto plazo que mantiene la financiación a las operaciones del gobierno federal hasta mediados de diciembre a la vez que no asigna fondos a la ley de reforma de los servicios médicos.

Algunos legisladores republicanos también defienden la idea de restringir el límite de endeudamiento federal, lo que podría llevar a la primera mora de pagos en la historia del país, a menos que la ley de servicios médicos no se implemente.

Obama echó mano a su alocución semanal en radio e internet el sábado para regañar "a una facción de la extrema derecha" del Partido Republicano y dijo que no permitirá "a nadie afectar la reputación del país o amenazar con infligir dolor económico a millones de nuestros propios ciudadanos, sólo para justificar una postura ideológica".

Menos de una cuarta parte de los estadounidenses aprueban la labor del Congreso, aproximadamente la misma proporción que aprueba el trabajo de los legisladores republicanos, según encuestas nacionales recientes. Los demócratas salen un poco mejor parados y grandes mayorías desaprueban la labor de ambos partidos en el Congreso.

El gobernador de Michigan, Rick Snyder, anfitrión de una conferencia estatal de republicanos en que Walker y otros dos candidatos en potencia a las presidenciales de 2016 — el gobernador de Luisiana, Bobby Jindal, y el senador federal Rand Paul, de Kentucky — planeaban hablar el sábado, dijo que un cierre del gobierno "es un mal reflejo de la cultura política nacional".

Jindal dijo esta semana: "Creo que el partido necesita ser algo más que el partido del 'no' ".

Jeb Bush fue más directo al expresar que los republicanos sólo controlan la Cámara, "o la mitad de un tercio de la fuerza" en Washington, por lo que "hace falta un entendimiento de eso, o de lo contrario, políticamente la situación sería muy arriesgada" para los republicanos.

Por su parte, Cruz dijo que las preocupaciones de que los electores culpen a los republicanos por un cese de las operaciones del gobierno federal no tienen fundamento.

"Si la historia nos sirve de guía, el temor a profundas repercusiones políticas, no creo que la información a la mano lo justifique", aseveró.

Los legisladores republicanos y el presidente demócrata Bill Clinton no lograron ponerse de acuerdo en 1995, lo que llevó a dos paralizaciones parciales de las operaciones del gobierno.

Clinton fue reelegido el año siguiente, pero Cruz señaló que los republicanos tenían mayoría en ambas cámaras del Congreso en 1996 y 1998, y que colaboraron con Clinton en las reducciones de gastos y otros cambios que precedieron a la expansión económica.

Paul y Jindal intentan abrir un espacio entre ellos mismos y sus posibles rivales. Paul calificó el cese de operaciones del gobierno como "una idea tonta", pero afirmó que la batalla merecía la pena.

"Estoy a favor del debate, de la lucha", dijo Paul. "Pero no quiero que el gobierno se pare. Creo que es una mala solución".

Por su parte, Jindal, quien se opone a la ley de salud, ha dicho que es una mala idea sacar de la mesa de negociaciones cualquier opción.

"No creo que como partido debamos negociar con nosotros mismos", acotó.

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El redactor Philip Elliott, de la AP, contribuyó a este despacho desde Washington.