Mateo Sancho Cardiel.

Nueva York, 21 sep (EFEUSA).- En 1973 se presentó en el palacio de Versalles el primer desfile con amplia presencia de modelos negras. En los 80 y en los 90, Imán o Naomi Campbell se encontraban entre las más cotizadas. ¿Por qué no se ha completado la normalización y se sigue hablando en el siglo XXI de racismo en las pasarelas?.

Hace diez días, Naomi Campbell, quien fuera apodada como la Diosa de Ébano, clausuraba en la Semana de la Moda de Nueva York el desfile de Diane Von Furstenberg y dejaba a la altura del betún a todas sus sucesoras.

Además de su amistad con la diseñadora belga, Campbell rubricaba la llamada que Von Fustenberg, como presidenta del Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos, había hecho por la diversidad en la selección de modelos hacía cinco años y que, a día de hoy, sigue sin surtir efecto.

Apoyada en cifras de la anterior edición de la pasarela neoyorquina (que registraban solo un 6 por ciento de las modelos fueron negras, frente al 82,7 por ciento de blancas) días después, Naomi Campbell, junto con su predecesora en el mundo de las supermodelos negras, Iman, y la veterana directora de una agencia de modelos, Bethann Hardison, lanzaban una carta abierta hablando de "acto racista" en la moda.

Denunciaban cómo diseñadores como Calvin Klein, Donna Karan o Armani usaban una o ninguna modelo negra en sus desfiles y acusaban al mundo de la moda de haberse acomodado en su lucha contra la igualdad. "Hemos retrocedido", decía Imán en una entrevista con la cadena de televisión ABC.

Echando la vista atrás, en noviembre de 1973, en el mismo escenario donde María Antonieta pasó sus últimos días antes de ser decapitada, el mundo de la moda quiso crear una auténtica revolución. Un encuentro en Versalles entre diseñadores franceses, como Yves Saint Laurent o Hubert de Givenchy, y americanos, como Oscar de la Renta, Anne Klein o Bill Blass, que dinamitara las barreras y creara sinergias.

Mientras las casas de París apostaron por la sofisticación, la gran aportación de la moda americana a una industria y un arte acusados de "eurocentrismo" fue demostrar con una alta presencia de modelos negras que éstas podían tener un papel más allá de la cuota de exotismo gracias a rostros como el de Sandi Bass.

Los efectos fueron casi inmediatos: en 1976 emergía la que fue la primera supermodelo negra, la somalí Imán, precursora de la más famosa de todas, la británica Naomi Campbell, que en la auge de las supermodelos formó el "cuarteto de oro" junto a Claudia Schiffer, Cindy Crawford y Linda Evangelista.

Waris Dirie, Tyra Banks, Vanessa Williams o Veronica Webb empedraban el que parecía el camino hacia la normalización. Pero cuando se pasó el "boom" de las supermodelos, comenzó también el retroceso en la igualdad de las modelos negras en las pasarelas.

En julio de 2008, Vogue publicó un artículo titulado "¿Es la moda racista?" y hacía el primer llamamiento. Pero cinco años más tarde, el New York Times, el 7 de agosto pasado, publicaba un artículo titulado "El punto ciego de la moda".

¿Las causas? Diseñadores y agencias de modelos se pasan la patata caliente, y no falta quien redirige un problema de representatividad de la raza negra en las elites que excede el campo de la moda (y, por ende, el concepto "modelo" tiene que ser representativo de ello) o la excusa de que el blanco es una opción estética, por lo que pedir lo contrario sería un atentado contra la libertad creativa.

Sin embargo, el auge de las modelos asiáticas, vinculado directamente con la importancia de los compradores de Asia en el mercado del lujo, parece no responder a esos mismos argumentos, de la misma manera que diseñadores tan reputados como Jean Paul Gaultier y Tom Ford han apostado por la diversidad y han triunfado.

En declaraciones al New York Times, el brasileño Francisco Costa, director creativo de Calvin Klein, aseguraba que hay pocas modelos negras cotizadas, como Malaika Fith (el primer rostro negro en una publicidad de Prada), y que respetar la cuota implicaría contar siempre con las mismas.

Pero Riccardo Tisci, diseñador de Givenchy prefería no hablar de racismo sino de un sentimiento mucho menos meditado: pura vagancia. "Es más fácil que sean blancas porque es a lo que estamos acostumbrados", aseguraba. EFE