Algunos empleados que regresaron al trabajo el jueves en los astilleros navales de Washington dijeron que les parece que era demasiado pronto para hablar sobre la matanza perpetrada a principios de la semana mientras que otros decían que tomará algún tiempo dejar atrás lo sucedido.

"Hubiera preferido no estar aquí hoy", destacó Judy Farmer, una planificadora residente en Manassas, en el estado de Virginia, parte de los empleados que regresaron a los edificios de ladrillos rojos de los astilleros navales por primera vez desde que 12 personas murieron acribilladas por un atacante armado, que después fue abatido por autoridades.

Las instalaciones navales reabrieron a las 6 de la mañana para sus operaciones regulares, con excepción del edificio donde ocurrió la matanza.

Bob Flynn, que se ocultó en una oficina del Edificio 197 con otros cuatro colegas durante el ataque, afirmó que ayudaba regresar a trabajar con ellos.

"Me siento bien porque pude volver a ver a mis colegas con quienes pasé por esto", destacó Flynn. "He podido abrazar a la gente, y todos nos hemos abrazado y podemos hablar sobre eso y creo que va a servir de mucho", agregó.

Flynn señaló que el secretario de la Armada, Ray Mabus, se reunió con ellos el jueves por la mañana.

"Dijo que, 'si alguien tiene un problema, me puede llamar'. Y lo dice sinceramente, somos una gran familia y es por eso que vamos a poder superarlo", señaló Flynn.

Flynn recordó haberse escondido con las luces apagadas en una oficina del tercer piso, donde un colega llamó a la línea de emergencias 911, otro usó un teléfono inteligente debajo de un escritorio para que la luz no fuese visible y otro colocó sillas contra la puerta mientras Aaron Alexis, de 34 años, disparaba por el edificio. Las autoridades dijeron que fue el único atacante.

Las autoridades aún tratan de determinar qué razón llevó al ataque. Algunos funcionarios han dicho que Alexis sufría paranoia, escuchaba voces y estaba convencido de que lo perseguían. Un mes antes del ataque, se quejó a la policía de Rhode Island de que había gente que le hablaba a través de las paredes y el cielo raso de su cuarto de hotel y enviaba vibraciones de microondas a su cuerpo a fin de impedirle dormir.

Por otra parte, las familias comenzaban a recoger los cadáveres de sus seres queridos, víctimas de la matanza, que se hallaban en la oficina del forense en Washington.