El buzón de correos se perfila como un nuevo protagonista en la campaña electoral alemana, algo anodina en cuanto a presencia en la calle, pero con un brío creciente en cuanto al voto por correo o los "mensajes personales" al ciudadano.

Para las elecciones generales del próximo domingo se espera un récord de participación en el voto por correo: hasta un 25% de los electores de los grandes núcleos urbanos no acudirá al local asignado, sino que habrá votado en el buzón.

La canciller, Angela Merkel, aspira, por su parte, a movilizar a los indecisos a través del "saludo personal" que este viernes recibirán en el buzón de su casa cinco millones de alemanes.

"Si Ud. quiere que siga trabajando como su canciller, vaya el domingo a votar a la Unión Cristianodemócrata (CDU)", pide Merkel, quien se despide con un correcto y cálido: "Saludos de corazón".

La estrategia del mensaje por carta no es nueva y, de hecho, el aspirante socialdemócrata, Peer Steinbrück, ha lanzado una ofensiva similar, aunque a menor escala -dos millones de destinatarios-.

Sí es novedoso, en cambio, el boom del voto por correo al que recurre el ciudadano alemán cada vez con mayor ahínco, sea porque el domingo tiene planes mejores que ir a votar, sea para asegurarse de que nada le impedirá cumplir con ese deber democrático.

El voto por correo es un valor en auge: del 18,7 % registrado en 2005 se pasó al 21,4 % en 2009 y ahora se le pronostica el 25 % en lugares como la capital, Berlín.

Lo que se instauró en 1957 como una fórmula excepcional para garantizar el acceso al voto a quienes tenían la movilidad limitada -permanente o temporal- o sabían que ese día no podrían acudir a su local electoral se ha convertido en práctica habitual.

Solo en Berlín ha habido hasta el momento 530.000 solicitudes para votar por correo y la opción, fomentada por una intensa campaña de la Deutsche Post, está abierta hasta mañana viernes por la tarde.

De la labor difusora se ha pasado a cierto pánico, ya que en algunos distritos se teme no se podrá atender al alud de solicitudes o que el escrutinio sufrirá demoras -como ocurrió en las regionales de Baviera, el domingo anterior-, lastrado por ese procedimiento.

El voto por correo podría ser víctima de su éxito, a lo que se unen las alarmas de juristas acerca de la legitimidad de esa fórmula, nacida como excepcional y ahora masificada.

En rigor, esta fórmula contraviene varios del artículo 38 de la Constitución alemana, sobre las elecciones al Parlamento federal (Bundestag).

Ahí se establece que el voto debe ser general, inmediato, libre, igualitario y secreto. Es decir, que todos los ciudadanos deben poder emitir su voto sin intermediarios, sin coacción, en igualdad de condiciones y con garantía de confidencialidad.

No es lo mismo estampar la cruz sobre la papeleta en la intimidad de la cabina de votación que en la cocina de casa -con los consabidos riesgos de "influencia" familiar-.

Tampoco lo es hacerlo en la misma jornada electoral que días antes, pues en el último tramo pueden haberse precipitado decisiones políticas trascendentes a escándalos susceptibles de cambiar el sentido del voto, en cuyo caso de nada servirá aporrear el buzón donde se depositó el sobre.

La proliferación del voto por correo es una "flagrante vulneración" del Artículo 38, advertía en un reciente artículo del diario "Berliner Zeitung" Ulrich Battis, profesor emérito en Derecho Constitucional de la Universidad Humboldt.

Si esta pasión por el correo supera el 33 % habrá que recurrir al Constitucional, alertó Battis. Gemma Casadevall