Hay bateadores que no le tienen piedad a ningún lanzamiento en la zona de strike. Otros, como Vladimir Guerrero, no perdonaban ni los malos, inclusive los que llegaban picando frente al plato.

El dominicano, que en 2004 fue galardonado como el Jugador Más Valioso de la Liga Americana, anunció su retiro definitivo del béisbol el fin de semana en entrevistas con medios de su país.

Lo hizo con la misma timidez con la transitó durante sus 16 temporadas en las Grandes Ligas. Nunca le gustó ser centro de la atención, siempre se concentró en jugar con absoluta seriedad.

"Yo soy tímido, pero donde tengo que hacer mi trabajo, que es en el terreno de juego, lo hago. Yo dejo que mi bate hable por mí", afirmó Guerrero en una entrevista con The Associated Press poco antes del inicio de la temporada de 2005.

Y su manera de expresarse con el bate fue enfática, primero durante ocho campañas como jardinero de los Expos de Montreal, seguido por seis en el sur de California con los Angelinos.

Sus últimas dos campañas, con los Rangers de Texas y los Orioles de Baltimore, lo vieron limitado a la función de designado por culpa del deterioro de la rodilla derecha.

Guerrero intentó en vano durante los últimos dos años conseguir una oportunidad para mantenerse activo, ávido de alcanzar el grial de los 500 jonrones.

Se despide con .318 en promedio al bate, totalizando 2.590 hits. Conectó 449 cuadrangulares y produjo 1.496 carreras. Fue seleccionado nueve veces al Juego de Estrellas. Bateó por encima de .300 durante 12 temporadas seguidas entre 1997 y 2008.

Aparte del año que ganó el más valioso en 2004, Guerrero figuró en otras tres oportunidades entre los cuatro primeros en las votaciones por el premio.

Fue sin lugar a dudas unos de los bateadores más temidos de su era, el prototipo de jugador de cinco herramientas (bateador de promedio, poder, velocidad, brazo y fildeo), lo que Mike Trout, Yasiel Puig y Carlos González exhiben en la actualidad.

¿Tendrá espacio en el Salón de la Fama? La respuesta es afirmativa, algo que puede avalarse con sus números y al comparársele con jugadores que han sido consagrados en el templo de los inmortales en Cooperstown.

Como la última vez que jugó en las mayores fue en 2011, el nombre de Guerrero aparecerá en una boleta de una camada que incluirá por primera vez a Iván Rodríguez, Manny Ramírez, Magglio Ordóñez y Jorge Posada.

Aunque su nombre no fue salpicado por los escándalos, Guerrero se desempeñó durante la era de los esteroides y las perspicacias.

Se tratará de poner menoscabos al señalarse que fue primordialmente un bateador designado en el tramo final de su carrera.

Lo más probable es que Guerrero tenga que esperar algunos años, pero su ingreso al Salón de la Fama es inevitable, sobre todo si se le compara con Jim Rice o Dave Winfield.

Rice también acumuló 16 años de servicio, retirándose con los números básicos de .298 en promedio al bate, 2.452 hits, 382 jonrones y 1.451 impulsadas, por debajo de Guerrero en todo.

Winfield jugó en 22 campañas, terminando con .283 de promedio, 3.110 hits, 465 jonrones y 1.833 impulsadas.

Y si lo quiere sustentar con un trabajo sabermétrico, el análisis estadístico del gurú Bill James le otorga una puntuación de 209, muy por encima de la calificación de 150 que pone a un pelotero como un candidato digno al Salón de la Fama. Rice tiene 146 y Winfield 148.

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Eric Núñez en Twitter como http://twitter.com/EricNUnezAP