Mateo Sancho Cardiel

Nueva York, 12 sep (EFEUSA).- La pasión por el "non finito", mezclada en la coctelera minimalista con el modernismo, es la celebración de Francisco Costa en sus diez años con Calvin Klein, mientras que Ralph Lauren, que ha dejado de contar sus años en la cima, pero neutralizó su apuesta opuesta del blanco y negro al neón.

El brasileño Costa ha puesto un broche final a la Semana de la Moda de Nueva York con una propuesta primavera-verano 2014 para Calvin Klein Collection llena de sabiduría en la técnica, en el concepto y la intangible costura de la elegancia.

En estos diez años de liderazgo, Costa, representante del minimalismo y encargado de traducir o más bien adivinar los gustos de los neoyorquinos, ha tenido tiempo de que su seña de identidad, el minimalismo, venga, se vaya y vuelva a venir. Y en esta nueva colección la ha lucido de nuevo.

Comenzando por lo que no acaba, con un sugerente "non finito", Costa envuelve casi literalmente a las modelos en lona. En telas que parecen atravesadas todavía por las agujas de la patronista, con bosquejos de futuros vestidos atrapados en el atelier que, en cambio, lucen frescos y radiantes al salir a la pasarela y mezclarse con el nailon y la seda.

Costuras vistas y a veces directamente abiertas, jirones inesperados, acabados deshilvanados y colores crudos generan esa sensación dinámica del "work in progress".

Como si fuera un estudio de su proceso creativo, la colección avanza, pero no pierde su sentido del material desechable: redes de piel de serpiente dan un efecto de papiroflexia, de estructuras de papel maché frágiles y dúctiles, que dan un punto crujiente al corsé o al cuello "halter".

Y, sí, como Carolina Herrera, como Marc by Marc Jacobs y como Proenza Shouler, Costa suscribe que el "print" de la microrraya con su efecto cinético será la seña de identidad de la próxima primavera.

Poco a poco, Costa va dando pistas sobre la inspiración temporal. El charlestón y los destellos de modernismo señalan a los años 20. Una súbita explosión de flecos y plumas afirman que, después de todo, la insistencia por la vuelta de la "moda Gatsby" dejó alguna alegre consecuencia.

Pero sobre todo brilla cuando mira a ese modernismo severo de un Alvaar Alto o incluso un racionalismo al estilo Le Corbusier, convirtiendo a las modelos en ejes de composiciones arquitectónicas, de módulos concéntricos que hacen caderas superlativas o polisones geométricos. Y al terminar, aplausos de felicitación doble para Costa, por lo pasado y lo presente, y por el "que cumpla muchos más".

Ralph Lauren, por su parte, presentó hoy a una mujer confusa y vacilante de tanta versatilidad. Inicialmente, desfiló con la inocencia pícara del uniforme escolar en blanco y negro, con rayas o cuadros escoceses, chaleco y corbata. Luego, asciende de categoría con una mujer enmarañada en lo geométrico, con boinas y abrigos de elegancia estándar, si es que esos dos conceptos no se neutralizan. Y de repente, precipitadamente y sin avisar, entra el flúor y el neón.

Capas, trajes de día, vestidos de noche en colores puros. Monocromías en amarillo limón, rojo bermellón, verde lima y azul marino, rozando una versión burguesa del new rave, con superlativas gafas de sol incluidas. La desconexión de la colección del maestro se contradijo con su lema de "nunca perder de vista la visión y la convicción".

Y así se dio por concluida la Semana de la Moda de Nueva York para la temporada primavera-verano de 2014.

Queda un desfile fuera de calendario oficial, el de Marc Jacobs, después de su relativo pinchazo con Marc by Marc Jacobs, y en el panorama de diseñadores latinos, el colombiano Edwing D'Angelo es el encargado de cerrar con propuesta para hombre y mujer, fuera también de la pasarela oficial del Lincoln Center, y en asociación con su compatriota, el conocido diseñador de bolsos Mario Hernández.

Quizá todos ellos se acerquen esta noche a la que promete ser una de las fiestas de esta Semana de la Moda. Francisco Costa y Calvin Klein, con la excusa de sus diez años juntos, presentarán nueva fragancia y abrirán las puertas de su espectacular elección para el desfile en el barrio de Tribeca. Saben de sobra que en Nueva York, detrás de todo gran diseñador, siempre debe haber una gran fiesta. EFE

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