En una bodega descuidada del sur de Los Ángeles, Eliseo Medina, un hombre de lentes y pelo cano, daba las últimas instrucciones a voluntarios hispanos que tenían la misión de promover el voto en barrios latinos durante la elección presidencial de noviembre pasado.

Era la hora de almuerzo y el olor a pollo rostizado con arroz, frijoles y tortillas de maíz escapaba por un portón abierto aquel día de fines de julio mientras Medina conversaba en el idioma natal de los voluntarios que también es el suyo: el español. Este hombre introvertido, de piel morena, que por momentos pasó inadvertido en una actividad barrial llegó a ser el sindicalista hispano de más alto rango en Estados Unidos y uno de las personas más influyentes del movimiento a favor de la reforma a las leyes de inmigración.

A sus 67 años anunció que el primero de octubre dejaría su puesto como secretario y tesorero del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio, que tiene unos 2,1 millones de afiliados.

Medina dejará el puesto luego de 27 años de servicio en la entidad gremial, donde logró un legado difícil de emular: ser uno de los artífices del cambio de la percepción del movimiento sindical hacia los inmigrantes, que los percibía como una amenaza para sus afiliados y los aceptó como suyos. También fue uno de los responsables del giro del movimiento sindical en favor de una reforma migratoria y hacia la promoción del sufragio e inscripción de votantes como estrategias para aumentar su poder político.

"Eliseo es un personaje histórico en los Estados Unidos", dijo Edward Alden, experto en política inmigratoria del Consejo de Relaciones Exteriores, un organismo independiente que estudia temas relevantes. "Creo que ha jugado un papel más importante que ningún otro dirigente para cambiar la postura de los sindicatos en cuanto a inmigración. Los gremios ahora están unidos (en torno al tema de la inmigración). Hubo otras personas involucradas pero creo que él merece más crédito que ningún otro dirigente sindical para que esto se volviera realidad".

El apoyo a los inmigrantes por parte de los grandes sindicatos estadounidenses lo logró en dos momentos clave: cuando el gremio internacional era parte de la central obrera AFL-CIO y años más tarde cuando el sindicato se separó de la central y se unió a otros sindicatos para formar la organización Change To Win.

Desde mucho antes, Medina ya había iniciado y promovido una estrategia a largo plazo que al principio no convenció a sus aliados de entonces: trabajar para que los inmigrantes legales se nacionalicen y luego se inscriban y salgan a votar. Abogó para que el sindicato internacional invirtiera en este plan y en 1998 nació la organización Mi Familia Vota.

El año pasado, ese programa invirtió más de 7 millones de dólares y tuvo más de 600 personas trabajando en seis estados para lograr que 650.000 hispanos se inscribieran para votar, de acuerdo con Ben Monterroso, director ejecutivo de esta organización.

La estrategia dio resultado. Mi Familia Vota fue una de las organizaciones que más contribuyó para que más del 10% de votantes hispanos sufragara en la elección presidencial pasada, dijo Arturo Vargas, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Nombrados.

"Ahora es normal que en Washington se haya aceptado el poder electoral de los latinos y que esto sea un fuerza significativa para promover una reforma migratoria. Bueno, Eliseo no sólo dijo esto hace 10 años sino que creó una organización y relaciones estratégicas para hacer realidad esto que ahora vemos como normal", dijo Andy Stern, quien trabajó como presidente del sindicato internacional junto a Medina.

Resolver la situación de los 11 millones de extranjeros que se cree viven en el país sin permiso de residencia ha sido una de las grandes ambiciones de Medina, quien desde hace años es uno de los principales estrategas y promotores nacionales de las campañas pro legalización.

Medina nació en Zacatecas, México, y trabajó la tierra hasta su juventud. Hijo de bracero, dedicó su vida al sindicalismo y ahora es un referente en el debate sobre qué hacer con los extranjeros sin papeles que viven en el país al punto que es consultado por el propio Barack Obama.

A lo largo de casi tres décadas, el activista se ha reunido con dos presidentes, George W. Bush y Obama, quien lo invitó a un discurso que dio en enero en Las Vegas donde delineó los principios para un proyecto de ley de reforma, que ha sido aprobada en el Senado.

Esa dedicación obedeció a las experiencias que vivió como inmigrante y que marcaron su vida tanto que convirtió su lucha social en algo personal.

"(Mi familia y yo) hemos sentido en carne propia la discriminación, el maltrato de este sistema (inmigratorio) que no funciona", dijo Medina en una entrevista con The Associated Press en la que hizo hincapié en la necesidad de una reforma a las leyes de inmigración. "Tengo todavía sobrinos y primos que están aquí indocumentados. No hay un latino en este país que no tenga un familiar, amigo o compañero de trabajo, que está sufriendo esa situación. Todos tenemos un motivo personal, pero más importante, también es para nuestro futuro. Necesitamos resolver esto".

Medina llegó a Delano, California, a los 10 años, con su madre y hermanos para reunirse con su padre, un bracero. Comenzó a trabajar en el campo y al terminar el octavo grado abandonó la escuela para trabajar la tierra para ayudar a su familia.

Años más tarde, quedó tan impresionado al conocer al líder sindical y de derechos civiles César Chávez, que se afilió al gremio de trabajadores del campo que él dirigía, el United Farm Workers.

A los 19 años participó en una histórica huelga del sindicato en Delano y durante los siguientes 13 años trabajó con Chávez. Llegó a ser vicepresidente del gremio luego de dirigir campañas exitosas como una de Chicago, donde organizó un boicot que hizo que algunas de las cadenas más grandes de la región central suspendieran la compraventa de uvas.

Su pasión y astucia como estratega son reconocidas incluso por personas como el abogado Joseph Herman, quien representó a empresas agrícolas durante negociaciones laborales a fines de los 70.

"Tuve y todavía tengo a Eliseo en muy alta estima. Creo que era muy inteligente y sabe manejarse en situaciones difíciles", dijo el abogado. "Es un dirigente natural, excelente orador. Creo que es brillante, aunque no tenía gran educación formal. Su liderazgo e inteligencia eran muy impresionantes".

Desilusionado porque pensó que Chávez estaba más interesado en promover un movimiento que en el sindicato, el dirigente dejó el gremio de campesinos y se unió al sindicato internacional en 1986, de acuerdo con Miriam Pawel, autora del libro "El sindicato de sus sueños: Poder, esperanza y lucha en el movimiento de campesinos de César Chávez".

"Hubiera sido presidente (del gremio de trabajadores del campo) si se hubiera quedado", dijo la cofundadora de ese movimiento Dolores Huerta, según Pawel.

En la sucursal del sindicato internacional en San Diego, Medina aumentó los afiliados de 1.700 a 10.000 en cinco años. Luego se mudó a Los Ángeles, donde ayudó a que los limpiadores de oficinas consiguiesen un convenio colectivo con un significativo incremento salarial en 2000.

Este triunfo allanó el camino para que los trabajadores de limpieza del país lograran después un poder negociador sin precedentes que se tradujo en beneficios laborales.

Esta campaña cimentó el esfuerzo del sindicato para afiliar A trabajadores inmigrantes, ya que la mayoría de los limpiadores de oficinas son nacidos en el extranjero. En 1996 fue nombrado vicepresidente del sindicato. En 2010 lo designaron secretario y tesorero.

"Un líder tiene que tener ciertos valores, un sentido de que esto no es para uno mismo sino para la comunidad", dijo cuándo se le preguntó qué atributos tiene para haber llegado a tan alto puesto. "El valor de justicia social es muy importante. Se necesita tener ese entusiasmo, estar dispuesto a luchar y poner lo que sea para lograr la meta. Y creo que, más que nada, se necesita valor y mucho corazón".

Pero Dan Stein, presidente de la Federation for American Immigration Reform, organización sin ánimo de lucro que promueve el resguardo de la seguridad fronteriza y el freno a la llegada de inmigrantes ilegales dice que Medina ha "usado una retórica polarizadora" en cuanto a inmigración.

"Se dedica a atacar verbalmente a gente que no está de acuerdo con él", dijo. "Está tan convencido de su propia inteligencia que no respeta a gente que mantiene puntos de vista opositores".

Stein cree que el sindicato es "bastante extremista en sus posiciones sobre cómo aplicar las leyes de inmigración".

"(El gremio) ha politizado de una forma muy parcial lo que debería ser un dialogo nacional más amplio sobre lo que es bueno para el país en general", agregó Stein.

Para activistas pro-inmigrantes, sin embargo, Medina no sólo resalta por su liderazgo sino porque respaldó su visión con dinero. "Eso es lo que lo diferencia de muchos líderes", dijo Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles.

Desde 2000, el sindicato internacional ha invertido unos 50 millones de dólares en la campaña a favor de la reforma y este año planea invertir alrededor de 15 millones, de acuerdo con Medina.

El sindicato también fue uno de los grandes contribuyentes de la campaña de Obama en la elección pasada con 1,1 millones de dólares a través de comités, mientras los empleados del gremio donaron, individualmente, más de 100.000 dólares a la campaña, al Partido Demócrata y a un comité conjunto, de acuerdo con gastos de campaña revisados por la AP.

"Si (quienes se opusieron a la reforma) creen que en el 2012 les fue mal, en el 2014 les irá peor con los latinos", advirtió Medina.

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Los corresponsales de The Associated Press Luis Alonso Lugo y Jack Gillum en Washington y Claudia Torrens en Nueva York contribuyeron a este despacho.

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