Brusca y ácida, la respuesta de Sam Querrey exhibió el grado de frustración que impera entre los jugadores estadounidenses debido a la situación del tenis masculino del país.

"Me importa un bledo lo que la gente piense. Esta es mi vida y mi carrera. Me conformo con lo que me haga sentir feliz", dijo Querrey tras ser eliminado en la segunda ronda del Abierto de Estados Unidos.

Querrey respondía a una pregunta sobre lo que le falta para dar el golpe de impacto en su carrera.

"Yo ignoro exactamente qué es dar el siguiente paso. Supongo que hay que ganar unos cuantos más de los partidos reñidos, buscar ser más agresivo", añadió.

Querrey, número 31 del mundo, fue uno de los 15 estadounidenses que participaron en el US Open. Ninguno pudo alcanzar la segunda semana del último Grand Slam de la temporada.

El último en caer fue Tim Smyczek, un jugador de 25 años que recibió una invitación (wildcard) por parte de la organización y cuya mejor ubicación en el ránking fue el 101 en febrero pasado.

"Nunca había escuchado que alguien me gritara desde la grada 'eres nuestra última esperanza''', declaró Smyczek tras sucumbir el domingo en cinco sets ante el español Marcel Granollers.

Con Smyczek se completó una temporada para el olvido de los varones estadounidenses en las grandes citas del tenis, con una sucesión de tropiezos para el país que produjo a figuras como John McEnroe, Jimmy Connors, Vitas Gerulaitis, Pete Sampras, Andre Agassi, Michael Chang, Jim Courier y Andy Roddick.

— Esta es la primera vez que no hay jugadores estadounidenses en la ronda de octavos de final de su propio Grand Slam, un torneo que empezó a disputarse en 1881.

— No hubo presencia de varones estadounidenses en cuarta ronda en ninguno de los cuatro Grand Slams de 2013.

— Ha transcurrido una década desde la última consagración de un jugador de Estados Unidos en un Grand Slam, la de Roddick en el US Open 2003, un total de 40 torneos.

— Y el mes pasado, por primera vez en los 40 años de existencia de los ránkings de la ATP, se dio una semana en la que ningún estadounidense asomó en el Top 20.

La mejor carta actual del país es John Isner, de 28 años y dueño de uno de los saques más potentes del circuito. En la antesala al US Open, el gigante de 2,06 metros (6,9 pies) de estatura perdió la final del Masters de Cincinnati — en dos sets dirimidos en desempates — contra Rafael Nadal. Se esperaba que avanzara lejos en Flushing Meadows, pero el actual número 17 del mundo acabó fulminado en tercera ronda al perder en cuatro sets ante Philipp Kohlschreiber.

Mientras las mujeres cuentan con Serena Williams y promesas en ascenso como Sloane Stephens, la actual generación de varones se sostiene con las raquetas de Isner y Querrey, jugadores de escaso carisma.

Tampoco es que la federación estadounidense se haya quedado de brazos cruzados ante la supremacía actual de los jugadores europeos, 13 de los cuales alcanzaron la ronda de octavos en este US Open. No obstante, sus iniciativas para madurar el nuevo talento no terminan de fructificar.

Recientemente decidió dar marcha atrás con su proyecto de mantener una academia a tiempo completo en el sur de Florida para que las mejores promesas pudieran entrenarse bajo el mismo techo y con todos los gastos cubiertos. Pero cambió de planes cuando afloraron quejas por la estricta disciplina y la presión de conseguir resultados. Ahora tratan de darles más libertades a los jugadores con sus entrenadores.

Smyczek razona que no hay que desanimarse por la situación actual.

"Fuimos consentidos con Pete, André, todos ellos, y Andy, por tantos años, pero creo que se acerca una buena era, ya que hay como cinco, seis o siete jugadores que ya rozan el Top 100 y pueden dar el gran paso", afirmó.