El estigma de los enfermos mentales en Indonesia, que por miles viven encadenados y sin diagnosticar, hacinados en centros miserables y casi sin esperanzas de mejorar su situación, es el argumento de un proyecto audiovisual internacional.

Gabriela Bhaskar y Stanley Okumura, dos jóvenes estadounidenses desolados por esta realidad, se lanzaron a este trabajo con la esperanza de arrojar luz y divulgar este drama humano, y que han podido financiar con las ayudas recibida a través de la plataforma "Kickstarter".

El cineasta norteamericano Spike Lee figura entre los numerosos donantes, en su mayoría familiares y amigos de los autores que creyeron en este trabajo que mediante fotografías y un documental indaga en la situación de los enfermos mentales en el archipiélago indonesio y las soluciones que, poco a poco, se implementan.

"Creemos que el remedio a cualquier problema siempre viene de dentro, de la sociedad, de los grupos civiles, del Gobierno, por eso queremos hacer una exhibición del material que recopilamos en Indonesia para que los propios indonesios sepan lo que está ocurriendo", indicó Bhaskar a Efe en Yakarta.

La fotoperiodista apuntó que entre las principales razones que explican el trato inhumano que reciben muchos enfermos mentales se encuentran los estigmas sociales, las dificultades para aprobar leyes que los apoyen y la carencia de centros de rehabilitación.

Okumura agregó que otro elemento que preocupa a los psiquiatras es la "falta de educación sanitaria en el país, en particular, la de las familias que no saben cómo tratar a su pariente enfermo y, en muchos casos, ni siquiera saben qué enfermedad sufre".

Los dos jóvenes han recorrido diversos puntos de la geografía indonesia con este proyecto, sin embargo, el lugar que más les ha impresionado está a pocos kilómetros de la capital y es el manicomio de Yayasan Galuh, "un sitio para el que nadie está preparado", advirtió Okumura.

"Yayasan Galuh es el peor sitio en el que he estado en mi vida, muchos enfermos se pasan las 24 horas del día encadenados a barrotes, sin poder moverse apenas, sucios, en condiciones inhumanas", prosiguió el documentalista.

Bhaskar comentó que tras visitar esta institución "volver a casa, a tu cama limpia, a tu ducha con agua caliente, parece injusto".

Yayasan Galuh, ubicado en la localidad de Bekasi, acoge actualmente a más de 300 enfermos mentales, tanto mujeres como hombres que pasan sus días con ropas sucias, defecan y orinan en el mismo lugar en el que charlan, comen y duermen.

Muchos no saben cuándo llegaron allí, dónde está su familia o qué dolencia sufren.

"No me acuerdo de por qué mis padres me dejaron aquí, yo estudiaba Económicas en la Universidad de Indonesia en Yakarta y, de pronto, un día, me trajeron; hace uno o dos años que no vienen a verme", lamentó Yudi, un paciente de Yayasan Galuh que lleva semanas encadenado al suelo de este manicomio.

La escasez de psiquiatras y de centros de salud mental en Indonesia ha llevado a que la práctica del "pasung", encadenar a los pacientes como método de control, se considere más una cuestión de logística que un tratamiento médico.

"Cuando comenzamos este proyecto yo creía que el 'pasung' y las condiciones de vida de muchos enfermos se debían al rechazo y negación de los transtornos mentales, pero me he dado cuenta de que es una cuestión menos cultural y más sociopolítica", señaló el director.

No obstante, "las cosas están cambiando, paulatinamente, para bien" reconoció Okumura.

"Mediante las entrevistas que hemos realizado a expertos, médicos, pacientes y parlamentarios sabemos que hay gente promoviendo un cambio de mentalidad que acerque a la sociedad a estas enfermedades, clínicas que han surgido en los últimos meses para abordar la deficiencia de diagnósticos y voluntad política para dar un respaldo legal a estas iniciativas", dijo el documentalista.

En Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo con 240 millones de habitantes, alrededor de un millón de personas padecen enfermedades mentales graves y más del 50 por ciento nunca han sido diagnosticadas.

Paula Regueira Leal