El presidente de la República de Italia, Giorgio Napolitano, de 88 años, se ha erigido en el verdadero árbitro de la política italiana no sólo con el consentimiento de todos los partidos sino con su petición expresa para que actúe para cerrar las crisis más allá de lo que la Constitución le permite.

Desde algunos años, Napolitano ha desbloqueado la parálisis del sistema político enrocado en Italia y ha sido impulsado a convertirse en la "auctoritas" o el verdadero "dominus" del equilibrio político del país, el verdadero patrón, el "rey de reyes" y por tanto, interviene de forma continua y explicita en la "res pública".

Un hombre de 88 años es quien realmente garantiza la gobernabilidad de Italia desde hace años y con su imagen aplaca los ánimos en los gobiernos europeos.

Napolitano agotó sus siete años de legislatura al frente de la Jefatura del Estado el pasado 15 de mayo, pero con su marcha se generó tal caos para elegir a su sucesor, que los representantes de los partidos decidieron llamar de nuevo a su puerta para rogarle que retomara las riendas de la presidencia.

El espectáculo que dieron los partidos italianos resultó cuanto menos bochornoso, pero el sí de Napolitano a dos meses de cumplir 87 años renovó automáticamente la confianza de los italianos, de los partidos y de Europa en general hacia Italia, siempre asomada al balcón del vacío de la incertidumbre.

Con su aspecto relajado y con el brillo de inteligencia que la senectud confiere a algunos hombres, Giorgio Napolitano ha defendido desde el 15 de mayo del 2006, cuando fue elegido Jefe de Estado a la cuarta votación, la imagen de Italia en múltiples ocasiones, con el papel de hombre fuerte de Estado.

Lo hizo cuando la coalición del Gobierno de Romano Prodi, El Olivo, cayó en 2008, después de meses de tambaleos, mociones de censura y retiradas de confianza.

Del mismo modo, ejerció de contrapeso con el siempre polémico y mediático Gobierno de Silvio Berlusconi o cuando dirigió a Italia por la vía tecnócrata colocando en el poder al profesor Mario Monti, con la aquiescencia de Europa y sobre todo, de Alemania, en un momento en que Italia se encontraba completamente a la deriva económica.

El Gobierno de Monti logró acometer varios planes de reducción del gasto público y un plan de ajuste de más de 30.000 millones de euros (noviembre de 2011-diciembre de 2012), cumple con el límite máximo de déficit público exigido por la Unión Europea (UE).

Misión cumplida, los despropósitos del Gobierno de Berlusconi y de sus predecesores estaban siendo enderezados.

Con el advenimiento del Gobierno encabezado por el socialdemócrata Enrico Letta, en el que también medió, en coalición con el partido de Berlusconi Pueblo de la Libertad (PDL), Napolitano se enfrenta a lo que se perfila como un posible descalabro del Ejecutivo.

Berlusconi, de 76 años, tenaz y poco dispuesto a retirarse en combate, lucha con denuedo tras ser condenado en firme por el Tribunal Superior a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, lo que podría suponer la imposibilidad de presentarse a las elecciones.

A principios de agosto, los portavoces del PDL en el Senado y la Cámara de los Diputados, Renato Schifani y Renato Brunetta, se reunieron con Napolitano en la sede de la Presidencia de la República, para pedirle que concediera el indulto a Berlusconi.

Con su innegable sentido de Estado, Napolitano, advirtió de las consecuencias "fatales" de una crisis de Gobierno que impidiera consolidar las posibilidades de recuperación económica que se perfilan.

Sobre la posibilidad de conceder el indulto al ex primer ministro, afirmó que no le había sido presentada petición de gracia alguna a la que tuviera que dar respuesta, aunque recalcó que "sobre cualquier sentencia definitiva, y de la consecuente obligación de aplicarla, no puede hacerse otra cosa más que tomar nota".

Una petición de gracia que Berlusconi se ha negado a presentar.

Amaga ahora "il Cavaliere" con hacer caer el Gobierno si el próximo 9 de septiembre la Junta del Senado decide expulsarlo de la Cámara.

Napolitano, de apellido y de nacimiento, el viejo comunista moderado, tendrá que abortar, porque así se lo exigirán, las crisis y conjuras que siempre mantienen en vilo la estabilidad política del país.

Carmen Postigo