Recién cumplida la tarea de entrar al cuadro principal del Abierto de Estados Unidos, Máximo González le pasó mirada a Twitter mientras cenaba y se enteró de su primer adversario: Jerzy Janowicz, semifinalista de Wimbledon hace casi dos meses y actual número 15 del mundo.

"Con qué piedra me tocó", dijo González, cuando se le pidió que contara qué pensó.

Pero el argentino de 30 años capitalizó el martes que su oponente polaco estaba disminuido con una dolencia en la espalda y se impuso 6-4, 6-4, 6-2 para avanzar a la segunda ronda.

La victoria es a toda ley el resultado más notable en mucho tiempo para González, alguien situado en el puesto 247 del ránking, que debió sortear tres partidos en la ronda preliminar y que no ganaba un encuentro válido por el tour desde abril de 2011 en Montecarlo.

De haber alcanzado el pico del puesto 58 en el escalafón en 2009, González pasó los últimos dos años disputando torneos challengers, en los que inclusive debía competir en rondas previas. Estuvo a punto de tirar la toalla frente a un horizonte sombrío.

"El año pasado fue el más difícil de todos, un poco porque no tenía muchas ganas de seguir compitiendo", dijo González. "Estaba cansado mentalmente".

Bromeó cuando la preguntaron sobre qué le motivó a insistir en el tenis: "Cuando veo que tengo que trabajar en Argentina, prefiero venir acá".

Su presencia en el US Open no se definió hasta hace un mes, justo sobre el cierre del plazo de inscripción para la ronda previa.

El haber tenido que jugar la clasificación fue tal vez una bendición, pues le permitió ganar confianza.

También se entusiasma con el ejemplo de jugadores arriba de 30 años que están teniendo éxito en la actualidad, como Tommy Haas, quien a sus 35 merodea el Top 10.

"Es la motivación que tengo, es la experiencia en saber cómo son los cosas", dijo González. "La edad no importa. Creo que yo también puedo. Me veo otra vez con el nivel para poder estar entre los 100".

Con 22 años, Janowicz es uno de los nuevos talentos del tour y dueño de un cáustico sentido del humor.

Indicó que se lesionó la parte baja de la espalda el sábado en el gimnasio, y que al intentar sacar sentía que era acuchillado en el costado derecho.

"Apenas podía caminar. No pude entrenar, ni dormir bien", dijo Janowicz, a quien le inyectaron analgésicos el lunes.

Con desventaja 2-1 en el segundo set, Janowicz pidió tratamiento del kinesiólogo y luego logró remontar un 4-1 en el parcial. Pero González reaccionó para asegurarse la manga y dominó con autoridad el tercero ante un rival entregado.

Desesperado, Janowicz probó con un saque por debajo. El juez de línea no se había fijado que era un saque, por lo que el juez en la silla fue el encargado de cantar afuera.

"El línea ni la vio, así de rápido fue ese saque", bromeó Janowicz, quien en su rueda de prensa no paró de rasguñar la etiqueta de una botella de bebida deportiva.

Un reportero le preguntó sobre si González le había sorprendido y su respuesta fue ácida: "¿Cómo iba a sorprenderme, si yo no podía sacar? ¡Vaya pregunta estúpida! Yo fui quien le sorprendió".

González no puso reparo: "Se hubiese retirado si estaba mal".

Ahora el argentino está en la segunda ronda de un Slam por primera vez desde 2009, también en Flushing Meadows.

Su próximo rival será el estadounidense Jack Sock, quien avanzó cuando el alemán Philipp Petzschner abandonó por lesión al ir perdiendo 7-6 (2), 3-6, 5-2.

"Siento que puedo avanzar un par de rondas más", dijo González.