Mientras el gobierno del presidente Barack Obama se apresta a atacar a Siria en castigo por presuntos ataques con armas químicas a su propio pueblo, ya abundan las preguntas sobre el posible desenlace.

Especialistas en seguridad nacional, incluso algunos funcionarios, se preguntan cómo un ataque limitado afectará realmente al presidente Bashar Assad: ¿lo ablandará o, por el contrario, lo endurecerá en su posición? Y no está claro hasta qué punto una operación militar ayudaría a la acosada y dividida oposición siria o reduciría los temores de que un eventual régimen de rebeldes intransigentes no sea favorable a Estados Unidos.

Una operación acotada y a corto plazo podría ser una solución de compromiso entre un alto mando militar renuente a intervenir en una guerra civil y una Casa Blanca resuelta a demostrar que el presidente Barack Obama hablaba en serio cuando dijo el año pasado que emplear armas químicas significaría cruzar una "línea roja".

El objetivo mayor es causarle tales daños a las fuerzas armadas y el armamento del gobierno sirio, que le resultará difícil realizar nuevos ataques con armas químicas y obligará a Assad a pensarlo dos veces antes de volver a usarlas.

La alta jerarquía de la seguridad nacional se reunió nuevamente el martes en la Casa Blanca, al acercarse el momento de un ataque casi seguro en los próximos días. Este probablemente se realizará mediante misiles cruceros Tomahawk desde buques de guerra estadounidenses en el Mediterráneo. La Armada tiene cuatro destroyers en el Mediterráneo oriental y se prevé que Gran Bretaña también participará de un ataque.

Ante la inminencia de la acción militar se han multiplicado los debates sobre qué espera lograr Washington y si una campaña acotada — de algunas horas o un par de días — ayudaría al objetivo de derrocar a Assad u obligar a Siria a adoptar formas de gobierno más democráticas. El gobierno dice que sus objetivos no son demasiado ambiciosos.

"Las opciones que estudiamos no incluyen un cambio de régimen", dijo el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney.

Anthony Cordesman, especialista en seguridad nacional del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, duda de que una medida militar estadounidense tenga consecuencias duraderas.

"Uno puede alcanzar blancos de valor político y de valor militar", dijo. "Pero eso no determina el desenlace ni brinda seguridad a la gente, y por cierto que no le impide a Assad seguir adelante. Al fin y al cabo, se parece más a ganar una pelea en el patio de la escuela que a lograr algo de importancia estratégica".

Uno de los principales detractores es el militar de mayor graduación, general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien expresó su renuencia en una carta al senador Carl Levin, presidente de la Comisión de las Fuerzas Armadas de la cámara alta.

Dempsey dijo que los ataques militares podrían ayudar a la oposición y presionar a Assad, pero añadió que la última década de guerras en Irak y Afganistán demuestra que "no basta alterar el equilibrio de poder militar sin tener cuidadosamente en cuenta lo que se necesita para mantener un estado en funcionamiento".

Advirtió que si se derrumba el gobierno sin que exista una oposición capaz de reemplazarlo, "podríamos sin quererlo empoderar a extremistas o desatar justamente las armas químicas que tratamos controlar".

Dempsey dijo que una operación limitada requeriría cientos de ataques misilísticos a la defensa aérea, los sistemas armamentistas, las instalaciones militares y centros de mando; de acuerdo con la duración del ataque y la cantidad de elementos navales y aéreos utilizados, el costo podría ascender a miles de millones de dólares.

Christopher Griffin, director ejecutivo del instituto Foreign Policy Initiative con sede en Washington, puso en duda la prudencia de lanzar una operación acotada para castigar a Assad.

"Una operación militar emprendida con el solo fin de enviar un mensaje enviaría el mensaje equivocado", dijo Griffin. Socavaría tanto la política explícita del presidente de que Assad debe caer como la intención explícita del gobierno de colaborar con una oposición moderada".

El mismo analista y otros aluden al anuncio que hizo Obama hace algunas semanas, de que Estados Unidos enviaría diversas armas a los rebeldes sirios. Hasta el momento, según funcionarios consultados, no se han entregado armas.

Los ataques militares, dijo Griffin, deben ser "parte de una estrategia más amplia para obligar a Assad a renunciar, crear una oposición moderada con la cual podamos trabajar y preparar el futuro de Siria".

Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, dijo entregar armas "significativas" a los rebeldes sería la mejor manera de prefigurar el campo de batalla y afectar el desenlace en Siria.

"Creo que los ataques, con solo ocurrir, constituyen un éxito en sentido estrecho", dijo Haass. "Les demuestra que no pueden usar esas armas y salirse con la suya. "Si los sirios siguen masacrando — y yo creo que probablemente lo harían — a sus conciudadanos a medida que se prolonga la guerra civil, Estados Unidos tiene otros medios para contrarrestarlo en lugar de la participación militar directa. Por eso he argumentado y seguiré argumentando a favor de armar a la oposición".

Según indican los precedentes, Estados Unidos probablemente lanzará un aluvión de misiles desde los cuatro destroyers en el Mediterráneo. Las salvas iniciales durarían varias horas y luego habría un período de evaluación de los impactos por medio de imágenes satelitales y otros recursos. Después podría haber una o dos salvas más de misiles mientras se evalúan los progresos.

El primer temor sería de una represalia por parte de Assad y que miles de sirios se lancen a cruzar las fronteras a Turquía y Jordania.

"Si a Bashar Assad no le tembló la mano al usar armas químicas contra sus propios civiles cuando dormían, qué le impedirá usarlas contra turcos, jordanos o israelíes dormidos?", se preguntó Michael Rubin, del American Enterprise Institute.

"Esa es la hipótesis de pesadilla, la que estarían evaluando en este momento Estados Unidos y el Pentágono para determinar qué se puede hacer para detener esa represalia y qué haríamos si este conflicto y las armas químicas cruzaran las fronteras internacionales".

En un sentido más amplio, políticos y observadores coinciden en que Estados Unidos prácticamente no tiene alternativa a dar algún tipo de respuesta.

Obama ha dicho que el uso de armas químicas significaría cruzar una "línea roja", insinuando que provocaría la intervención de Estados Unidos en la cruenta guerra civil que ya lleva dos años. Ultimamente, altos funcionarios como el secretario de Estado, John Kerry, y el vicepresidente Joe Biden han dicho que tienen pocas o ninguna duda de que el gobierno de Assad realizó un ataque con armas químicas en las afueras de Damasco la semana pasada.

Activistas sirios y Médicos sin Fronteras dicen que más de 300 personas murieron en un ataque con artillería y gases tóxicos por parte de las fuerzas gubernamentales. El gobierno dice que las denuncias son "absolutamente infundadas".

"El presidente Obama usó esos términos — línea roja — hace poco más de un año", dijo Rubin "Si uno traza una línea en la arena y permite que el adversario la cruce, eso no sólo es cuestión de confianza en Siria, es algo que verán los norcoreanos, los iraníes y posiblemente otros malhechores alrededor del mundo. El concepto del ataque simbólico es afirmar que 'no puedes cruzar esa raya'''.

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Con información de los periodistas de AP Sagar Meghani y Deb Riechmann.