El momento que parecía impensable para el fútbol inglés ha llegado: la temporada comienza sin Alex Ferguson.

Por primera vez desde 1986, Ferguson será un espectador y mirará desde lejos cómo el Manchester United busca su 21er título de la liga inglesa.

La responsabilidad de lograrlo es de David Moyes.

Ampliamente respetado en por su trabajo en Everton, donde estuvo 11 años, pese a que nunca obtuvo un título, Moyes fue escogido por Ferguson en lo que representa la decisión más importante — apuesta, tal vez — que haya tomado la familia Glazer, propietaria del club.

"La gente se pregunta si podemos ganar otro campeonato", señala el capitán Nemanja Vidic. "Pero esto no sólo es deber del entrenador, también corresponde a los jugadores".

Pese a que coqueteó abiertamente con el United antes de que se hiciera público el retiro de Ferguson, no hubo acercamientos con José Mourinho, uno de los más talentosos, y temperamentales, entrenadores de su generación.

Mientras Moyes llenó el vacío físico que dejó su compatriota escocés en Old Trafford, Mourinho ha regresado a Inglaterra para dirigir el Chelsea. Aunque dice ser menos agresivo que antes, se espera que el portugués regrese a su estilo incendiario y se encargue de hacer las rabietas que Ferguson ya no protagonizará.

Una semana después de que inicie la campaña, ambos entrenadores, de 50 años, tendrán la oportunidad de medirse en un encuentro que marcará el tono para las semanas de apertura, cuando United reciba al Chelsea en Old Trafford.

"Ese juego no decidirá quién es el campeón, pero sí tendrá un impacto en la confianza", señaló el defensa de Chelsea, Branislav Ivanovic.

Antes de esa cita, Chelsea se medirá al Hull y el Aston Villa, mientras que el United inicia la defensa de su título en casa del Swensea, el sábado.

La enemistad entre ambos clubes se agudizó por la forma hostil en que el Chelsea trató de hacerse de los servicios del atacante Wayne Rooney.

Mourinho insiste en que no se enganchará en polémicas con Moyes, no obstante, se dio tiempo para darle unos consejos.

"Una de las cosas más difíciles de crear en un club es una cultura ganadora, en la que pases la puerta y olfatees el éxito, la confianza, la autoestima", dijo Mourinho, quien ha ganado campeonatos en Inglaterra, España, Italia y Portugal. "David forma parte de un gran club y eso ayuda mucho, ya que todo mundo sabe cómo ganar. Por supuesto, ahora le toca a él".

Mientras los reflectores se enfocan en Mourinho y Moyes, Manuel Pellegrini ha podido iniciar en calma su primer periodo como entrenador en Inglaterra.

El chileno, de 59 años, llega al Manchester City tras dirigir al Málaga, después del despido de Roberto Mancini al fracasar en su intento de revalidar el campeonato que obtuvo en la temporada 2011-12 y quedar a 11 unidades del puntero.

Los rumores de enfrentamientos en el vestidor han desaparecido y Pellegrini ha empezado a reunificar a la escuadra, que invirtió más de 130 millones de dólares en la contratación de los atacantes Stevan Jovetic y Álvaro Negredo, además del mediocampista Fernandinho y el extremo Jesús Navas.

"Tenemos al mejor equipo de Inglaterra", dice Pellegrini.

Esa alineación envidiable fue fácil de conseguir para el propietario del equipo, el jeque de Abu Dabi, pero la inversión parece desafiar las regulaciones para el jugo limpio en materia financiera de la UEFA, un requisito para los equipos que participan en la Liga de Campeones.

En contraste, el United no logró contratar al mediocampista del Barcelona Cesc Fábregas, y tampoco pudo concretar sus ambiciosos planes de llevar de regreso a Cristiano Ronaldo a Old Trafford desde Madrid.

Al Chelsea se le escapó Rooney pero hizo un gasto significativo, 40 millones de dólares, en la contratación del delantero Andre Schurrle y el mediocampista Marco van Ginkel.

El Arsenal, que terminó en cuarto sitio, detrás del Chelsea, no ha gastado un centavo antes de que se cierre el periodo de transferencias, el 2 de septiembre, a pesar de que el director ejecutivo, Ivan Gazidis, declaró en junio que tenían planeado "aumentar" su inversión.

Las intenciones de contratar a Luis Suárez, del Liverpool, a cambio de 60 millones, fueron frustradas por el club, que obligó al atacante uruguayo a cumplir su contrato después de que la directiva lo apoyó cuando fue acusado de proferir insultos racistas y protagonizar episodios polémicos.

Los Gunners han visto cómo su rival del norte de Londres, el Tottenham, invirtió 65 millones en refuerzos, aunque el entrenador Andre Villa-Boas aún puede sufrir la pérdida de su jugador más importante, Gareth Bale, pretendido por el Real Madrid.