Imágenes fantásticas que evocan la música conforman el mayor mural pintado en Buenos Aires, finalizado recientemente por el artista callejero Martín Ron.

La pintura de 412 metros cuadrados ocupa la medianera de un edificio de cuatro pisos en una zona del barro capitalino de Villa Urquiza que apunta a convertirse en una de las mejores locaciones para disfrutar del arte callejero.

Sobre una patineta gigante, la escultura de un joven desnudo y casi arrodillado que cubre su cabeza con un casco rojo escucha lo que canta o le dice un papagayo a través de la bocina de un fonógrafo. Al lado, la cabeza de un hombre que está sacando la lengua y que lleva auriculares es arrastrada de los pelos por una avioneta. Pegada a esta imagen se puede ver una mano enorme que sostiene un palo al que se agarra una avispa. Esta última representa a su vez a la aguja de un tocadiscos que se posa sobre un disco de vinilo.

A un margen de la pintura se observa a un disc jockey (DJ) que está de pie escuchando discos y también a un niño sentado en su propia patineta que parece imaginar la fantástica escena.

Ron empezó a pintar el 16 de julio el mural en un edificio que es propiedad del gobierno de Buenos Aires. Contó con la ayuda de su hermano Guillermo (apodado Guiviro) y del autor de grafittis Juan Antonucci (Jiant). Finalizaron el 3 de agosto y emplearon 62 litros de pintura látex que suministraron las autoridades capitalinas.

"El disparador de la obra es la música y los estímulos sonoros para conseguir una composición surrealista", dijo el martes Ron a The Associated Press.

El muralista incluyó a tres personajes en su obra que son reales. La cabeza es la de su amigo Gabriel Dotta, que colaboró en la realización de la obra mediante el uso de una grúa. El disc jockey es Leonardo Caruso, un verdadero DJ. Además se puede observar en la pintura una pequeña figura del famoso arquitecto y escultor argentino Clorindo Testa, recientemente fallecido.

"No hay mensaje oculto; la obra se complementa con las interpretaciones de la gente que la mira al pasar por la calle y cada día al pasar pueden encontrar alguna interpretación nueva", afirmó Ron.

La idea de hacer este mural de unos 16 metros de alto por 25 metros de ancho fue del inglés Matt Fox-Tucker, fundador de la página web buenosairesstreetart.com. El sitio recoge las obras y experiencias de numerosos muralistas que han dejado su sello en la capital argentina.

El edificio donde quedó plasmado el mural está muy cerca de otro donde el artista callejero italiano Blu pintó un enorme bebé recostado sobre su espalda que sujeta una píldora que se dispone a ingerir. Lo diseñó en 2007 en los muros laterales de un inmueble que iba a ser demolido. En la obra se puede observar el interior del cuerpo del niño, invadido por maquinaria y personal abocado a diferentes tareas, lo que hace pensar en la explotación y corrupción del ser humano.

Frente a los murales de Ron y Blu se alzan varias esculturas de Testa que conforman sendas plazoletas.

Ron es autor de nueve murales en la capital argentina y de más de 50 en la localidad de 3 de Febrero, en las afueras de la ciudad. Una de sus obras más conocidas es la que muestra a Diego Maradona en el momento en que metió un gol con la mano a la selección inglesa en la Copa Mundial de Fútbol en México, en 1986. La imagen cubre una pared de 30 metros de ancho por seis de alto, bajo un puente transitado por un tren metropolitano.

Buenos Aires se ha convertido en los últimos años en una de las principales capitales internacionales del arte callejero, donde los artistas usan paredes y muros de fábricas, plazas y edificios como enormes lienzos para sorprender a los transeúntes. Blu, el belga Roa, el español Aryz, el francés Jef Aerosol y el estadounidense Ron English han dejado varias obras en la ciudad en los últimos dos años.