Shelly-Ann Fraser-Pryce, una pequeña bomba de 1,52 metros de estatura, ratificó la supremacía del esprint jamaicano al ganar, como en los dos últimos Juegos Olímpicos, la final de 100 metros de los Mundiales con la mejor marca mundial del año (10.71) y la mayor ventaja de la historia (22 centésimas).

Un día después de que Usain Bolt recuperase el cetro de la misma distancia que había perdido por descalificación en Daegu 2011, Jamaica ha vuelto a relegar a Estados Unidos a la condición de potencia secundaria, ya sea en hombres o en mujeres.

No importó que saliera algo lenta (174 milésimas). Su espectacular puesta en acción, con pasitos cortos y potentes, la puso en cabeza rápidamente y fue alejándose cada vez más hasta cruzar la raya 22 centésimas antes que la marfileña Murielle Ahoure.

La estadounidense Carmelita Jeter, defensora del título, llegó tercera con 10.94, por delante de su compatriota y campeona nacional English Gardner.

David Oliver apuntaló el orgullo estadounidense con su victoria en una prueba de velocidad, pero con vallas. En la final de 110, encabezó el doblete norteamericano con la mejor marca mundial del año (13.00), en una carrera que dejó fuera del podio al defensor del título y al plusmarquista mundial.

Estados Unidos, que aspiraba a copar el podio con tres de sus cuatro representantes en la final, dejó escapar el bronce, que fue para el ruso Sergey Shubenkov con 13.25. Entre los dos se intercaló Ryan Wilson con 13.13.

Fracasaron sin paliativos los otros dos norteamericanos. Jason Richardson, que defendía título, llegó cuarto, a tres centésimas de Shubenkov, y Aries Merritt, plusmarquista mundial y campeón olímpico, sexto con 13.31.

La neozelandesa Valerie Adams, doble campeona olímpica (Pekín y Londres) y tres veces campeona mundial de peso, se convirtió hoy en la primera mujer que obtiene cuatro medallas de oro consecutivas en Mundiales al imponerse en la final con una marca de 20,88 metros. Era su victoria consecutiva número 39.

El concurso careció de emoción. Adams lanzó la bola a 20,41 metros en su primer tiro y dejó sentenciada la contienda porque ninguna de sus rivales se le acercó. Luego mejoró hasta los 20,88 en el tercero.

La alemana Christina Schwanitz, campeona de Europa bajo techo en marzo pasado, batió su récord personal con un tiro de 20,41 que le dio la medalla de plata, y el tercer puesto, con 19,95, fue para la china Lijiao Gong -bronce olímpico en Londres y mundial en Daegu-, que arrebató por un centímetro la presea a la estadounidense Michelle Carter.

La tercera jornada de los Mundiales resultó propicia para las sorpresas, especialmente en pértiga y en martillo.

Raphael Holzdeppe, un atleta de origen africano adoptado, a poco de nacer, por una pareja alemana, batió al campeón olímpico de pértiga, Renaud Lavillenie, que aspiraba a dar a Francia su primer título mundial en esta disciplina.

Lavillenie, campeón olímpico y líder mundial de la temporada con los seis mejores saltos del año, incluido uno de 6,02, el más reciente antes del Mundial, mordió el polvo a manos de un Holzdeppe muy seguro desde el comienzo mientras el francés hacía nulos desde su primera altura (5,65). Los 5,82 le costaron dos intentos y los 5,89 tres. Holzdeppe lo había saltado todo a la primera, hasta que no pudo con los 5,96, pero tampoco lo hizo el francés.

Al podio subió con ellos otro alemán, Bjorn Otto, con 5,82, la misma marca que el estadounidense Brad Walker pero con menos fallos.

En la jaula de martillo, el polaco Pawel Fajdek sorprendió al gran favorito, el húngaro Krisztian Pars, y se alzó con la medalla de oro con la mejor marca mundial del año (81,97).

Pars, campeón olímpico en Londres 2012, estaba invicto este año después de participar en doce competiciones antes de los Mundiales, pero la número 13 le resultó fatídica. Su única derrota coincide con el momento cumbre de la temporada.

La final adoptó un guión imprevisto cuando Fajdek, de 24 años, reciente campeón de la Universiada de Kazan, aquí en Rusia, lanzó 81,97 metros en su primer esfuerzo, una marca que pareció bloquear mentalmente a Pars. El húngaro no pasó de los 80,30 aunque se lleva como consuelo la medalla de plata.

En la final de 400, Christine Ohuruogu evitó con su victoria "in extremis" que la botsuanesa Amantle Montsho se convirtiera en la segunda mujer que revalidaba el título mundial. La británica surgió a su izquierda en el último instante para, arrojándose sobre la línea, arrebatarle el triunfo por milésimas.

Las dos recibieron la misma marca -49.41, récord nacional en el caso de la británica- pero la foto de llegada coronó campeona a Ohuruogu, que ya lo había sido seis años antes en Osaka.