La fanaticada de Rubén Blades en Nueva York superó el aforo del Lincoln Center Out of Doors y gran parte de ella escuchó desde fuera del recinto el concierto del cantante de himnos de la salsa como "Pedro Navaja", quien demostró la flexibilidad del género con mensajes de amor, literatura y política.

Al aire libre, con entrada gratis, un Rubén Blades cercano y hablador hizo enloquecer a su público desde el momento en el que rompió el hielo con "Plástico" y el estribillo de "se ven las caras, pero nunca el corazón".

Los asistentes, muchos de ellos habiendo hecho cola desde más de cuatro horas antes de empezar el recital, se empezaron a despojar de las sillas blancas ordenadas para el disfrute del espectáculo, para trasladarse a los pasillos, donde pudieron contonearse con los cálidos ritmos de Blades.

El artista que formó con Willie Colón uno de los dúos musicales más exitosos de América y quien también concurrió para la presidencia de su país, Panamá, y fue ministro de Turismo durante cuatro años, dedicó los primeros temas a aquellos que se habían quedado fuera por falta de aforo.

Y no necesitó más que un par de acordes para demostrar por qué convirtió la salsa en un fenómeno millonario, gracias a sus composiciones capaces de abarcar todo tipo de mensajes, impulsando al baile sin descuidar el intelecto y el corazón.

Llamando al espíritu latino, bien sea en México, en Perú, República Dominicana o Colombia, o en cualquier barrio neoyorquino, la antigua estrella de La Fania bailó al ritmo de unas maracas con la bandera de su Panamá y no solo entonó canciones clásicas como "Decisiones", una de las más bailadas, sino también aquellas que compuso durante su etapa política, que le inspiró su disco "Cantares del subdesarrollo".

"Las calles" fue la canción que dedicó "a todos aquellos que tenían padres que tenían solo la educación elemental y que consiguieron estudiar e ir mucho más allá, gracias al esfuerzo de esos padres", aseguró, no sin antes decir: "Lo siento, pero me gusta hablar mucho, explicar todas las canciones".

Con tal baño de multitudes y tanto cariño procedente de la audiencia, Rubén Blades también se permitió el lujo de recorrer alguna de las partes menos conocidas de su discografía, como "Agua de Luna".

Un disco "del que se vendieron cuatro copias" y que, basado en las sensaciones que le provocaron algunos relatos de Gabriel García Márquez previos a "Cien años de soledad", quedó representado por su emotiva interpretación de "Ojos de perro azul".