Andreina Pinto, la "guerrera de los tres ovarios" según descripción de su ex entrenador y perpetuo mentor, Manuel Marín, no acabó del todo contenta el sábado su participación en el mundial de natación.

Y nada tuvo que ver en ello la peculiar anécdota que delata su naturaleza "ansiosa", también señalada por Marín y reconocida por la atleta de Maracay quien, en siete jornadas de competencias en Barcelona, consiguió situar en el mapa internacional la natación venezolana: aunque ella misma no siempre acabara de ubicarse del todo.

"Estaba nerviosa antes de las competencias. Le tenía temor a la presentación y me equivoqué de carril de salida en los 200 metros mariposa y también en los 400 libres, donde además me tropecé. Fue muy vergonzoso para mí y la obsesión era no repetirlo en la final y situarme perfecta. Por suerte esta vez lo conseguí", sonrió la joven de 21 años a quien apodan "La Negra", al recordar su malpaso.

Pinto se despidió del certamen con logros considerables como el haber clasificado a una final femenil por primera vez en la historia de su país y figurar también como la única latinoamericana en disputar dos finales de natación en Barcelona.

Además, rebajó el miércoles la mejor marca de Venezuela en los 200 mariposa, que ya era de su propiedad, estableciendo un nuevo récord nacional.

Pero la reacción inmediata de la aragüeña tras su última carrera no fue otra que molestarse por acabar séptima con tiempo de 8:29:37 en la final de los 800 metros libres en que la estadounidense Katie Ledecky estableció un ritmo diabólico y un nuevo récord del mundo.

"No sé qué me pasa que, cuando más busco una prueba, peor lo hago. Subí mi tiempo en la distancia que mejor había preparado. Ya fue un milagro que clasificara en la preliminar con el tiempo que hice. Pensé que hoy sería diferente, pero todavía estoy sorprendida con mi crono", lamentó, recordando también su sexto lugar en la final de los 400.

La nadadora aseguró haberse sentido "perfecta" a lo largo de la jornada, y volvió a tomar la escena de la final con sus ya tradicionales botas negras peludas, que ofician tanto de calentadoras de pies como de talismán.

Pero la salida no fue buena y, a partir de allí, la "guerrera" de Marín tuvo la sensación de que la carrera se le hacía demasiado cuesta arriba. "El arranque fue muy rápido y mentalmente me desmotivé porque es una prueba larga y tuve la sensación de que nunca iba a recuperarme", concedió.

La ansiedad quizás seas una arma de doble filo para la venezolana en carrera, pero sus seguidores esperan que ese mismo impulso le permita mejorar aún más sus prestaciones en el próximo mundial y, cómo no, los Juegos Olímpicos. "Mi meta será llegar al mundial con una marca por debajo y no buscarla en la competencia, porque eso da más confianza. También me gustaría disputar más carreras en otras modalidades, porque la espera entre una y otra me desconcentra y me saca de la competencia", consideró.

Pero, pese a su latente inconformismo, Pinto quiso resaltar los aspectos positivos que se lleva de Barcelona.

"Me voy contenta por mis dos finales y una semifinal. Siento que, ahora, las rivales ya me conocen, me saludan y me desean suerte. Eso me agrada y, en el próximo mundial espero estar en el podio", acabó la mundialista, pensando ya en como situarse entre la élite.