La última vez que Cate Blanchett estuvo en Nueva York, entre sus presentaciones nocturnas de la aclamada producción teatral "Uncle Vanya" se escapaba a la zona rica de la ciudad para investigar a hurtadillas su papel en la más reciente película de Woody Allen, "Blue Jasmine".

En la cinta Blanchett interpreta a Jasmine, una mujer del jet set que vive una crisis existencial, una versión moderna de Blanche DuBois (papel que Blanchett interpretó hace unos años en el escenario y cuyo "residuo" dice que se quedó con ella), consternada y destruida por la traición de un esposo financiero estilo Bernie Madoff (interpretado por Alec Baldwin). En el territorio de Jasmine, el Upper East Side de Manhattan, Blanchett acercó la oreja a los acentos de los vecinos ricos.

"Bebí demasiado vino sentada sola en restaurantes", dijo Blanchett en una oficina del centro de la ciudad, vestida con una camiseta sin mangas y una falda esmeralda.

El pulido refinamiento es sólo un pequeño elemento, una superficie que se fractura, en el personaje de múltiples capas que Blanchett encarna en "Blue Jasmine". Su Jasmine es, en sus propias palabras, "un delicado coctel inflamable de furia, culpa y miedo". Sin un dólar y en San Francisco, donde se ve obligada a quedarse en la casa de su hermana pobre (Sally Hawkins), Jasmine es un desastre bañado en vodka, tranquilizantes, autodesprecio, negación y pánico, una mujer en caída libre que no se puede ver al espejo.

Al igual que muchas de las mejores actuaciones de la estrella de 44 años, incluyendo su interpretación nominada al Oscar de la reina Isabel I en "Elizabeth" de 1998, Jasmine es una mezcla de crueldad (es despiadada con quienes considera inferiores) y vulnerabilidad estremecedora. Se ha dicho que la actuación le merecerá una nueva nominación al Oscar; su sexta, sería.

La complejidad del papel sigue en parte la estructura de "Un tranvía llamado deseo", moviéndose entre la caída (en Nueva York y los Hamptons) y el después (San Francisco). Blanchett retrata cuidadosamente el desenredo de Jasmine entre sus flashbacks: "No quieres que sea una línea simple", dijo. Jasmine es entonces mucha gente: radiantemente elegante para algunos (Peter Sarsgaard, en el papel de un pretendiente rico) y amargada para otros (Bobby Cannavale, en el papel del novio obrero de su hermana).

"La gente dice que los actores simulan, pero viendo a la gente, una persona entra a una habitación y la persona que está hablando contigo cambia completamente", dijo Blanchett. "Estamos mutando constantemente en diferentes manifestaciones de nosotros mismos. Eso es lo que me llama la atención de la gente. A medida que Jasmine progresa en la historia y su situación se vuelve cada vez más desesperada, esas identidades sociales se vuelven cada vez más fracturadas y no pueden formar una persona cohesiva y funcional".

Aunque Woody Allen es famoso por mantener una cierta distancia con sus actores, el que una actuación tan poderosa haya surgido de una de sus últimas películas (un periodo definido mayormente por la ligereza y las locaciones internacionales de lujo) es una gran sorpresa. Blanchett aceptó de inmediato después de una breve llamada telefónica de Allen, pero ella tampoco sabía qué dirección tomaría la cinta.

"El reto estaba en el tono, especialmente cuando comencé a escuchar cuál sería el elenco", dijo mientras que subrayó que los comediantes Andrew Dice Clay y Louis C.K. lograron actuaciones naturales inesperadas. "Pensé, ¿esta película está más en la línea de 'La locura está de moda' o de 'Interiores'? ¿Qué dirección va a tomar? Cuando ya llevábamos tres semanas en ella (Woody) me dijo, 'Sabes, esta es una película seria'''.

Allen proclamó su interés por trabajar con Blanchett en el Festival de Cine de Cannes en 2010. Ella era la candidata perfecta, dijo, para el personaje que había escrito basado en una familia arruinada de Nueva York de la que su esposa Soon-Yi Previn le había contado. (Allen dice que Madoff "nunca pasó ni remotamente" por su cabeza).

"Necesitaba a una gran actriz y cuando pienso en una gran actriz del mundo, Cate me viene a la mente de inmediato", dijo Allen por correo electrónico desde Francia, donde está filmando su próxima película. "Cate es una de esas persona que son geniales, ella era genial antes de conocerme y lo seguirá siendo después. Realmente no tengo casi más nada que decir a ella".

Blanchett sabía que Allen no le daría mucha retroalimentación, "así que quería llegar con suficiente material por ofrecer", dijo. De los detalles de su personaje agregó: "Nada de esto se discutió ni parecía interesarle a Woody".

"Como actriz no soy tan necesitada", dijo Blanchett. "No lo hago porque quiero que me digan que soy buena".

La presencia de Blanchett en el cine ha sido menor en los últimos años. Hace cinco años la actriz y su esposo, el dramaturgo Andrew Upton, con quien tiene tres hijos, comenzaron a dirigir la Compañía de Teatro Sydney. Su trabajo como directores artísticos, que Upton continuará en solitario por varias temporadas más, ha sido muy celebrado, incluídas sus producciones de "Un tranvía llamado deseo" y "Uncle Vanya". El sábado terminó una temporada de "The Maids" de Jean Genet antes de viajar de Sydney a Estados Unidos para promover "Blue Jasmine".

"Espero haberme convertido en una mejor actriz por concentrarme sólo en el teatro", dijo. "Entré a la escuela de teatro sin la esperanza o sin aspiraciones de trabajar en el cine. Es una industria pequeña y tengo un aspecto peculiar, no pensaba que fuera esa chica".

Al preguntarle si extraña trabajar en el cine ahora que está con su compañía de teatro, responde rápidamente que "no". La actriz reconoce que estaba un poco "agotada" tras haber filmado una película tras otra antes de retomar el teatro. "Estaba tan aburrida de mí, eso es algo que siento seguido".

En cambio ansiaba dirigir la compañía de teatro.

"La gente habla de eso como si fuera un gran sacrificio", dijo. "¿En serio piensan eso?"

Pero aún sí tiene varias películas en puerta. Filmó dos cintas de Terrence Malick y protagoniza el filme de suspenso histórico de George Clooney "The Monuments of Men", que se estrena en diciembre. También trabajará con David Mamet y en otra cinta de Todd Haynes.

"De alguna manera regresé con una pasión renovada", dice. "Nunca quiero trabajar, incluso cuando te ofrecen estas grandes oportunidades, pienso que me encanta estar en pijama con mis hijos".

Entonces, ¿por qué sigue diciendo que sí?

"¡Las ofertas!", exclama. "Woody Allen llama por teléfono. ¿Y qué voy a decir? No voy a ser esa idiota que dice 'Mmm, quizá no'. Me quito la pijama y voy a trabajar".

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Jake Coyle está en Twitter como http://twitter.com/jake_coyle