La imagen de la Virgen de Aparecida, santa patrona de Brasil, aparece en calcomanías, en los negocios y en las cadenas de oro que lucen las mujeres de este inmenso país. Hay réplicas de la pequeña estatua de arcilla en las mansiones más suntuosas y en las casuchas más humildes.

El papa Francisco, el primer pontífice de las Américas, viajará el miércoles a esta región agrícola de plantaciones de caña de azúcar para visitar la gigantesca basílica donde se encuentra esta especie de Virgen María brasileña. Y donde la policía encontró un explosivo de fabricación casera en un baño público cercano a la basílica en el primer día de la visita del papa. No parecía estar destinado al Santo Padre.

El Vaticano dice que el papa argentino insistió personalmente en agregar esta visita a su agenda, la cual será seguida de cerca por millones de católicos que veneran a Aparecida en todo el mundo.

El chofer de taxi de Río de Janeiro Wellington Damiao es uno de ellos. En el desvencijado tablero de su auto tiene una figurita de plástico de la Aparecida.

"Mi madre era devota de ella, yo lo he sido toda mi vida y ahora el paso esa devoción a mis hijos", expresó Damiao. "Nunca le pedí nada porque considero que debemos dar las gracias, no pedir cosas todo el tiempo".

Venerada a lo largo y ancho de Brasil, la Aparecida ha trascendido la iglesia en la nación católica más grande del mundo. Es vista también como la diosa del amor y la maternidad en una religión brasileña con raíces en Africa occidental y su piel morena hace que resulte particularmente atractiva a negros y mestizos, comunidades que representan la mitad de la población de Brasil.

"Su rostro es el rostro del pueblo brasileño", afirmó el padre José Arnaldo Juliano dos Santos, capellán e investigador de Sao Paulo. "Es quien unifica a todo Brasil, quien trasciende todas las divisiones de raza, clase, región y religión y nos une a todos como un pueblo".

Plantada sobre una luna creciente adornada con un ángel, Aparecida levanta sus brazos sobre su pecho en señal del oración, de sus labios nace una leve sonrisa y en su cabello hay varias flores. Su vestido y su capa tienen numerosos pliegues y luce perlas en su cuello. La pequeña estatua tiene una altura de apenas 39 centímetros (15 pulgadas), pero una corona de oro y una capa de terciopelo azul hacen que parezca un poco más grande.

En buena parte del mundo cristiano, incluida América Latina, se venera a la Virgen María, en lo que se conoce como la devoción mariana. La Virgen de Guadalupe, otra María de tez cobriza, es la santa patrona de México y la Virgen de la Caridad del Cobre, a menudo asociada con Aparecida, es muy querida en Cuba.

"Donde quiera que vayas, es una imagen fuerte", dijo Maureen Tilley, profesora de teología de la Universidad de Fordham, en Estados Unidos. "Para algunos, es un camino que lleva a Dios. Para otro es una especia de intermediaria con Dios, además de ser su primera discípula, en cierto sentido".

Según la leyenda religiosa, la Virgen de Aparecida fue vista por primera vez el 16 de octubre de 1717, cuando la ciudad de Guaratingueta, entre Sao Paulo y Río, se preparaba para la visita del gobernador del estado de Sao Paulo. Numerosos pescadores se internaron en el río Paraiba para tener suficiente pescado para ofrecer un banquete al funcionario, pero luego de 12 horas no habían atrapado nada y todos se fueron, menos tres.

Al caer la noche, esos tres pescadores tiraron sus redes por una última vez y lo único que recogieron fue la estatua de terracota de una figura femenina descabezada, con sus manos contra el pecho en señal de estar rezando. Sorprendidos, volvieron a tirar sus redes y esta vez recuperaron una cabeza que encajaba perfectamente con el resto de la estatua.

Envolvieron las piezas en sus camisas y tiraron las redes una vez más, atrapando cientos de peces.

Uno de los pescadores le dio la estatua a su esposa, quien pegó las dos partes y colocó la figura en un altar casero, donde permaneció unos 15 años.

Pronto se le atribuyeron una serie de milagros a la Virgen, incluida la liberación de un esclavo fugitivo llamado Zacarías. Tras ser capturado, Zacarías era llevado en cadenas para ser devuelto a su propietario. Al pasar frente al altar de Aparecida, le pidió a la virgen que interviniera y los grilletes cayeron al suelo. Al oír la historia, el propietario de Zacarías lo liberó de inmediato.

Al correrse la voz de los milagros por todo Brasil, comenzaron a llegar cada vez más peregrinos y se construyeron iglesias cada vez más grandes, hasta llegar a la impresionante basílica con una cúpula erigida en 1955, con capacidad para 45.000 fieles en una ciudad que lleva el nombre de la virgen.

El día de su santo, el 12 de octubre, es un feriado nacional en Brasil y decenas de miles de peregrinos visitan el Santuario de Aparecida. La virgen recibe tantos regalos que hay una sala donde son exhibidos muchos de ellos. Se observan allí ofrendas del finado piloto de fórmula uno Ayrton Senna y del astro de fútbol Ronaldo.

David Gibson, reportero en Nueva York del Religion News Service, dijo que la devoción mariana es el "tejido conectivo" de la iglesia, que "une a la gente".

"Es una fe de rodillas, orando, más que una fe intelectual", indicó Gibson, agregando que el papa argentino es un devoto mariano. "Benedicto XVI era un teólogo, Juan Pablo II un filósofo, pero Francisco es un pastor. Es un católico con el que se puede identificar el católico promedio. Un hombre muy devoto de la Virgen María que ve estas devociones populares como un acto de fe de la gente".

Aparecida, no obstante, ha sido blanco de fricciones entre la mayoría católica de Brasil y la creciente comunidad pentecostal, muchos de cuyos miembros acusan a la iglesia de promover una adoración de ídolos con su reverencia por María.

En 1978 un hombre supuestamente vinculado con una iglesia pentecostal destruyó una jaula de vidrio que protegía a la virgen, se llevó la estatua y la partió en más de 100 pedazos. Luego de una restauración minuciosa, la estatua fue devuelta a Aparecida en una ambulancia.

En 1995, un pastor televangelista causó enorme revuelo al patear repetidamente una réplica de la virgen.

Se comprobó que la arcilla usada para fabricar la estatua provenía de un pozo de Sao Paulo y se cree que puede ser obra de un monje benedictino que hacía esculturas que vivía en la zona. El padre Agostinho de Jesús era conocido por unas figuras que adornaba con perlas y flores de arcilla, como las que adornan el cabello y el vestido de la Virgen de Aparecida.

Si bien su color chocolate ha sido parte de su atractivo, los expertos dicen que probablemente la estatua original estuvo pintada de colores brillantes. El tiempo que pasó en el río y las velas que encienden junto a ella en el altar probablemente le dieron su tono cobrizo.

"Somos una nación de descendientes de africanos, de modo que esta virgen negra ocupa un sitial de honor", expresó Fernando Altemeyer, profesor de teología de la Universidad Católica de Sao Paulo. "Para los católicos negros, obviamente Nuestra Señora de Aparecida es del mismo color que ellos. Para ellos eso es muy importante".

Igual que millones de brasileños, Damiao, el chofer de taxi, dijo que lleva una vida humilde, pero le agradece a la virgen por protegerlos a él y a sus seres queridos.

"Mi vida no es tan buena, no lo es, pero en mi familia nunca tuvimos enfermedades graves ni nunca pasamos hambre", manifestó. "Creo que le debemos dar las gracias a Nuestra Señora de Aparecida por eso".