La primera vez que Miriam Lipton padeció de cáncer de mama, se le cayeron sus mechones de cabello dos semanas después de empezar la quimioterapia. La segunda vez sometió el cuero cabelludo a un tratamiento de frío y pudo mantener gran parte de su cabellera, un problema menos en su lucha por la supervivencia.

La pérdida del cabello es uno de los efectos secundarios más temidos de la quimioterapia, no precisamente debido a la vanidad sino porque conlleva el estigma de revelar a gritos una enfermedad que muchos prefieren mantener en privado.

"No quería andar caminando por el almacén respondiendo preguntas sobre mi cáncer", recordó Lipton, de 45 años, residente en San Francisco. "Sin embargo, si te ves bien por fuera, te puede ayudar a sentir que tienes algo a lo que puedes sobrevivir".

Ahora los investigadores están por poner a prueba rigurosa un sistema para preservar el cabello: si el hecho de colocar al paciente un casco tan frío que insensibiliza el cuero cabelludo durante la quimioterapia, como ocurrió con Lipton, funciona suficientemente bien como para ser usado en Estados Unidos, tal como lo es en Europa y Canadá.

Las temperaturas cercanas al grado de congelación supuestamente reducen el flujo sanguíneo en el cuero cabelludo, lo que dificulta a los fármacos que combaten el cáncer dañar los folículos capilares, pero aunque se venden varios cascos de frío en el mundo, la Administración de Alimentos y Medicinas (Administración de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés)) no ha aprobado su uso en Estados Unidos.

El enfriamiento del cuero cabelludo es una idea que ha estado rondando durante décadas, pero nunca se impuso en Estados Unidos en parte debido a una preocupación: ¿el frío puede impedir que la quimioterapia alcance alguna célula cancerosa en el cuero cabelludo?

"¿Funcionan y son seguros? Esas son las dos grandes incógnitas. No lo sabemos", dijo la portavoz de la Sociedad Oncológica Estadounidense Kimberly Stump-Sutliff, enfermera oncóloga que dijo que los estudios en el exterior no han aclarado esas dudas. "Necesitamos saberlo".

Para la doctora Hope Rugo, de la Universidad de California en San Francisco, el impacto de la pérdida del cabello ha sido ignorada o subestimada por la profesión médica. Ha tenido pacientes que demoran un tratamiento crucial para evitarlo y otras cuyos negocios se vieron afectados cuando sus clientes vieron que estaban enfermos y se alejaban.

"A decir verdad, es la primera o segunda pregunta que formulan los pacientes cuando les recomiendo quimioterapia. No es si esto los va a curar, sino si van a perder el cabello", dijo la doctora Susan Melin, del Centro Médico Bautista Wake Forest de Carolina del Norte.

Este verano, Rugo y Melin, junto con investigadores de otros hospitales en Nueva York y California, empezarán a enrolar a 110 pacientes en estado inicial de cáncer de mama en un estudio del casco DigniCap. El casco, bien ajustado al cráneo, está conectado a una máquina que mantiene una temperatura de unos 4 a 5 grados centígrados (41F) mientras las pacientes se someten a quimioterapia. Los resultados se compararán con otro grupo de pacientes en estado similar que recibirán quimioterapia únicamente.

Lipton fue una de 20 pacientes que participaron en un programa piloto de prueba de DigniCap en 2011, la mayoría de las cuales conservaron más de la mitad de su cabello. El efecto secundario que experimentó: dolor y jaqueca.

Si este estudio más numeroso tiene éxito, Dignitana AB, de Suecia, planea solicitar autorización a la Administración de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para comercializar el casco en Estados Unidos.