Insurgentes somalíes liberaron a dos trabajadoras españolas de ayuda humanitaria secuestradas hace 21 meses en un campamento de refugiados de Kenia en octubre del 2011, informó el jueves la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

El grupo indicó que las dos mujeres — Montserrat Serra y Blanca Thiebaut — se encuentran a salvo y con buena salud, deseosas de reunirse con sus seres queridos. La fundación humanitaria agradeció a quienes participaron en su liberación, pero no los identificó.

"Un equipo de MSF... trabaja firmemente para que el regreso de las cooperantes a sus hogares se produzca cuanto antes. MSF reitera su llamamiento a los medios de comunicación y la opinión pública para que respeten la privacidad de las cooperantes durante este proceso", señaló la organización.

Insurgentes somalíes irrumpieron en el campamento de refugiados más grande del mundo — Dadaab, en el este de Kenia — en octubre del 2011 y se llevaron a las dos mujeres tras herir a tiros a su chofer keniano. El ataque fue el tercer secuestro de europeos en Kenia en seis semanas y fue una de las razones por la que el gobierno keniano envió soldados a Somalia pocos días después.

El ejército keniano emplazó sus fuerzas, apoyadas por seis helicópteros, en Somalia para localizar a las secuestradas. Las fuerzas de seguridad encontraron su vehículo abandonado en el desierto, indicio de que las mujeres tuvieron que caminar a pie con sus captores.

En el momento del secuestro, Serra, de Girona, en el norte de España, tenía 40 años y Thiebaut, de Madrid, 30 años.

El secuestro obligó a las agencias de ayuda a reducir sus operaciones de socorro en Dadaab. Naciones Unidas suspendió temporalmente toda la ayuda no destinada a salvar vidas y centenares de empleados fueron confinados a sus oficinas, lo que obligó la cancelación hasta nuevo aviso de servicios como la enseñanza, las asesorías y la reubicación de familias.

La seguridad en Dadaab sigue preocupando al gobierno keniano. Los insurgentes sueles reclutar jóvenes refugiados descontentos como combatientes. Los empleados humanitarios viven en campamentos protegidos y rodeados por altos muros y alambre de púas. La ONU requiere a su personal que se desplace por el campamento con escolta armada.

Desde el secuestro del 2011, el campamento ha sufrido varios ataques con explosivos, dirigidos con frecuencia contra la policía keniana.