La crisis política pasó hoy factura a Portugal, que pagó intereses más altos para colocar su emisión de deuda, mientras patronales, sindicatos y diferentes personalidades hacían un nuevo llamamiento al consenso entre los partidos.

Conservadores y socialistas, destinatarios de estos mensajes, prosiguieron por cuarta jornada con las negociaciones y se mostraron veladamente optimistas de cara a la posibilidad de alcanzar un acuerdo de "salvación nacional" pese a sus manifiestas divergencias.

De hecho, el Gobierno conservador afronta mañana una moción de censura promovida por el grupo ecologista Los Verdes, la quinta en los dos años que van de legislatura, que pese a no tener a priori posibilidades de ser aprobada recibirá igualmente el apoyo del Partido Socialista (PS).

La incertidumbre en torno al futuro del Ejecutivo luso, que se prolonga ya durante más de dos semanas, penalizó la subasta de deuda realizada hoy por el Tesoro pese a que logró colocar el máximo de su emisión, 1.500 millones de euros.

Los inversores exigieron una mayor rentabilidad a cambio de comprar sus bonos a doce meses, adjudicados finalmente a una tasa del 1,72 %, lejos del 1,23 % registrado en mayo; mientras que a cinco meses apenas subió unas milésimas, hasta el 1,04 %.

El Tesoro luso no había pagado una tasa de interés tan alta para colocar sus bonos con vencimiento a un año en ninguna de las cuatro subastas a este mismo plazo realizadas a lo largo de 2013, y hay que remontarse hasta octubre de 2012 para encontrar una cifra superior (2,1 %).

A esta presión de los mercados sobre el proceso negociador abierto en Portugal se le sumó hoy también el llamamiento de la sociedad civil lusa, que reclamó a los partidos que alcancen en el plazo más breve posible un acuerdo.

A primera hora de la mañana, las patronales y el segundo mayor sindicato del país, UGT (de orientación socialista), les urgieron a través de un comunicado conjunto a lograr un pacto y advirtieron de que sin él se corre "el peligro de entrar en una fase muy grave en términos económicos y sociales, con consecuencias imprevisibles".

Apenas unas horas más tarde, una veintena de personalidades - empresarios, profesores, ex dirigentes y economistas entre ellos- publicaron un manifiesto en el que reclaman un consenso que garantice el cumplimiento del programa de asistencia financiera acordado con la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los dos partidos conservadores que gobiernan en coalición y el principal grupo de la oposición, el socialista, lanzaron moderados mensajes de esperanza sobre la posibilidad de cerrar un acuerdo.

Desde el Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), su portavoz parlamentario, Luís Montenegro, aseguró que su grupo está "disponible" para aproximarse a las posturas defendidas por el PS en el marco de esta negociación.

El líder de la bancada socialista, Carlos Zorrinho, subrayó por su parte que la formación encara "con buena fe" estas conversaciones y tiene una "marcada intención" de contribuir a la salida de esta crisis.

A este clima de entendimiento contribuyó el rechazo ayer del PS a participar en una mesa de diálogo paralela con las fuerzas de la oposición para plantear de forma conjunta un Ejecutivo de izquierdas alternativo.

El presidente luso, Aníbal Cavaco Silva, es el promotor del proceso de negociación entre conservadores y socialistas, que tiene por objetivo reforzar la posición de Portugal a la hora de negociar con la UE y el FMI una hipotética suavización de las medidas de austeridad aplicadas en el país.

El alcance de estas políticas de ajustes y recortes fue precisamente el origen de las diferencias entre los dos partidos aliados en el Ejecutivo y colocó al borde de la ruptura la coalición hace ya más de dos semanas.

El primer ministro luso, Pedro Passos Coelho, y su socio de Gobierno, Paulo Portas, resolvieron sus diferencias y propusieron a Cavaco una remodelación del gabinete, solución que, sin embargo, no fue aceptada ante la expectativa de conseguir un consenso más amplio que incluya también al principal grupo de la oposición.