Varios centenares de partidarios del derrocado presidente egipcio Mohamed Morsi se congregaron el miércoles frente a la sede del gobierno para denunciar a los nuevos gobernantes y exigir la vuelta al poder del ex mandatario.

La concentración tuvo lugar mientras la comisionada de Política Exterior de la Unión Europea se reunió con los dirigentes interinos, el segundo funcionarios occidental de importancia que visita Egipto esta semana.

Empuñando fotos de Morsi y profiriendo consignas contra los militares, los manifestantes dijeron que el nuevo liderazgo es ilegítimo y acusaron al ejército de organizar un golpe contra el primer mandatario salido democráticamente de las urnas.

Las fuerzas de seguridad bloquearon su acceso al edificio que alberga la sede del gobierno, pero los manifestantes pintaron grafitos en las paredes, llamando asesino y traidor al jefe militar Abdel-Fata el-Sisi.

Los manifestantes islámicos han acampado en dos áreas de El Cairo desde poco antes de que Morsi fuese derrocado el 3 de julio, pero los organizadores convocaron una gran manifestación para el miércoles hasta el centro gubernamental, un día después que el presidente interino Adli Mansur tomó juramento a los 34 miembros de un nuevo gabinete.

Entre los nuevos ministros figuran varias personalidades destacadas y las facciones liberales y seculares, así como tres mujeres y tres cristianos, pero ninguno de la Hermandad Musulmana de Morsi y otros grupos islámicos.

La protesta causó grandes atascos de tránsito en una zona generalmente muy concurrida de esta ciudad de 18 millones de habitantes.

La comisionada de Políticas Exterior de la UE, Catherine Ashton, se reunió con Mansur y Mohamed ElBaradei, un destacado reformador designado vicepresidente para relaciones internacionales.

La comunidad internacional han intentado contener el caos ocurrido tras el derrocamiento de Morsi y devolver a Egipto al sendero de un gobierno democrático.

Morsi fue elegido libremente el año pasado por escasa mayoría, pero muchos egipcios le acusan de tener tendencias autoritarias, dar excesiva influencia a la Hermandad Musulmana y no solucionar ninguno de los problemas más graves que encara el país, desde la caída libre de la economía a la seguridad escasa y el desempleo elevado.

Durante la mayor parte de los dos años desde el derrocamiento del presidente autoritario Hosni Mubarak, Egipto se ha dividido en dos campos: uno encabezado por Morsi, su Hermandad Musulmana y sus aliados islámicos; y otra presidida por el secularismo egipcio, los liberales, cristianos y musulmanes moderados.