En la oscura platea de un club nocturno, George Gershwin mira con sigilo a una banda que, desde el escenario, interpreta sus composiciones. Los temas de Joaquín Sabina se convierten en la trasnochada historia de un grupo de amigos y enemigos. Frida Kahlo renueva sus amores y dolores para pintarlos ante la audiencia. Salieri vuelve a extasiarse, envidioso, con el joven Mozart y Tennessee Williams visita, una vez más, a su entrañable amiga Anna Magnani para perderse juntos por las calles de Roma.

Todas estas historias, tan diferentes pero unidas por sus múltiples referencias artísticas, se suceden cada noche tan sólo a unas pocas cuadras de distancia, en Buenos Aires, donde los cruces entre la música, la literatura y la plástica con el teatro parecen ser una predilección de la cartelera en esta temporada.

En formato de drama, comedia o musical, la fascinación del público con la vida y la obra de grandes figuras del arte encuentra eco en una generosa oferta de obras en las que los personajes célebres, o sus creaciones, son los protagonistas. Pero adaptar un cuerpo de obra pictórica, un estilo literario o la poesía de un repertorio musical en una pieza teatral es una apuesta osada, según algunos de los hacedores de esta tendencia de metaficción, para quienes ciertos factores que no inciden en el teatro meramente ficcional — como el respeto por el material original, o el estar a la altura de los conocimientos de la audiencia acerca de esa figura — cobran una especial importancia.

"No se trata de hacer una maqueta de algo o de alguien admirado, sino darle vida, para que el espectador se identifique rápidamente", explica a The Associated Press Carla Liguori, directora y actriz principal de "Frida", una obra inspirada en la célebre pintora mexicana Frida Kahlo. "Para esta puesta nos planteamos ser fieles a la historia de la artista, pero priorizando la belleza, no la tragedia, porque aunque tuvo una existencia muy difícil, Frida no fue una 'pobre mujer'. Ella vivió el arte plenamente: su forma de vestir, sus joyas y peinados, la decoración de su casa, todo era artístico. Ése fue el punto de partida para recrearla".

Con la belleza y el colorido en primer plano, la historia que se cuenta en "Frida" convierte a su protagonista en una heroína cotidiana, un aspecto específicamente resaltado por sus autores para acercarla al público. "Ella no es un mito, sino una luchadora", remarca Liguori, "y su esfuerzo puede ser hoy una inspiración para mucha gente".

Algo similar ocurre con "The Manhattan Club", un onírico homenaje al repertorio de George Gershwin ambientado en un ficticio reducto neoyorquino de jazz, que apela al auditorio envolviéndolo en una fantasía. "Gershwin mezcló el más alto vuelo musical con el perfume de lo cotidiano", explica Alicia Orlando, directora y coreógrafa de la puesta. "Y ésa fue la mejor forma de representarlo; apuntar a la universalidad de su obra, que habla del amor y la armonía con el entorno. Recreamos ese mundo romántico y ensoñado, haciendo que el espectador se sienta parte de una película".

En la vereda contraria, el director español David Serrano, responsable de "Más de 100 mentiras", un musical inspirado en las canciones del intérprete español Joaquín Sabina que debutó a fines de 2009 en Madrid y arribó en abril último a Buenos Aires, cuenta que, lejos de los colores y del romanticismo, debió hacer foco en la marginalidad y las zonas sombrías de sus personajes para crear una trama digna de las composiciones del popular autor. "Era un gran reto hablar de bares oscuros, prostitución o alcohol, porque todo eso se contraponía con la inocencia del género de los musicales. Sin embargo, es eso lo que refleja la obra y la personalidad de Joaquín, quien no tiene miedo de hablar de cuestiones difíciles".

"Más de 100 mentiras" es una historia de princesas y canallas, hilvanada por los éxitos del autor de "Yo quiero ser una chica Almodóvar" y en la que el público tiene un papel activo.

"Los fanáticos de Sabina defienden más su obra que él mismo; les teníamos mucho miedo", ríe Serrano. "Sabemos que algunos de sus seguidores no vienen al teatro porque quieren escuchar estas canciones sólo en la voz del autor. Pero muchos otros ven la puesta, la disfrutan y cantan tema por tema desde la platea, apoyando al elenco".

Los padecimientos, las adicciones, las infidelidades, los celos profesionales y otras confesiones también se presentan, hábilmente maquillados con el glamour de la época dorada de Hollywood, en "Noches romanas" de Franco D'Alessandro, un entrañable encuentro entre el dramaturgo Tennessee Williams (interpretado por Osmar Núñez) y la actriz italiana Anna Magnani (Virginia Innocenti) en la que el espectador accede a los aspectos velados de dos tempestuosas celebridades.

La lista de obras "inspiradas en" sigue y la buena repercusión de éstas en taquilla continúa. Pero, ¿cuál es el atractivo de ver recreados en escena los destinos o los frutos artísticos de las grandes personalidades?

Para Julia Calvo, docente de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Buenos Aires, hay un creciente interés del público por el personaje mítico.

"Como espectadores, deseamos verlos transitar escenas de sus vidas para sentirnos más cerca de esos ídolos, para generar un nexo más simple con ellos", afirma la actriz, quien es también coprotagonista de "Manzi, la vida en Orsai", una puesta acerca del gran poeta del tango argentino Homero Manzi, en la que Calvo encarna a la gran musa del autor de "Malena" y "Sur": la gran cantante Nelly Omar. El rol del actor en estas obras, señala, "es el de humanizar sin desmitificar".

Dentro del mito, los misterios de la genialidad también seducen a la audiencia, aunque la dramaturgia no logre clarificarlos.

"Hay un tejido indescifrable que envuelve la figura del genio", apunta Javier Daulte, responsable de la puesta local de "Amadeus", de Peter Shaffer. "¿Por qué no lo podemos comprender? ¿Qué tormentas enfrenta? El teatro sólo hace las preguntas. Pero intentar responderlas sería un acto de soberbia".

Desde su reflexión sobre Gershwin, Alicia Orlando coincide y sostiene que, además del talento y la fama, es la posibilidad de asemejarse a los genios lo que cautiva al espectador común.

"A todos nos gustan las historias de éxito; eso atrapa al público. Pero estas obras generan una reflexión acerca de la trascendencia; qué hizo o hace reconocidos a estos personajes. Los ídolos tienen sueños, como todos, sólo que ellos son audaces: se animan a concretarlos. Sentirnos cerca de esa posibilidad es lo que nos gusta de ver sus vidas en teatro".