Es definitivo: los Packers de Green Bay retirarán el número 4 de Brett Favre. Pero ello no ocurrirá en la próxima campaña.

El martes, en declaraciones posteriores a su encuentro anual con la prensa para hablar de las finanzas del equipo, el presidente y director general de los Packers, Mark Murphy, dejó claro que el retiro del número de Favre y la reconciliación con un quarterback que seguramente llegará al Salón de la Fama son tareas importantes para la franquicia.

Pero cuando se le preguntó si el número de Favre se retiraría esta temporada, Murphy respondió, "no preveo eso, no".

Murphy no descartó que el legendario mariscal cumpla alguna aparición en el Lambeau Field, quizás como capitán honorario o como parte de alguna festividad.

"Ya veremos", dijo.

Favre, piedra angular del renacimiento de los Packers en la década de 1990, fue un ídolo en el estado de Wisconsin después de guiar a Green Bay al triunfo en el Super Bowl, después de la campaña de 1996. Sin embargo, colmó la paciencia de aficionados y dirigentes por igual, con el suspenso que rodeó su posible retiro cada año durante el final de su carrera. En 2008, su decisión de retirarse y su posterior cambio de opinión provocaron lo que es quizás el divorcio más amargo en la historia del estado.

Los Packers habían nombrado ya a Aaron Rodgers como titular y terminaron enviando a Favre a los Jets, en un canje durante los entrenamientos de pretemporada.

Tras un año con los Jets, Favre enfureció a los aficionados, al firmar un contrato con el rival acérrimo de la División Norte de la Conferencia Nacional, los Vikings de Minnesota.

Pero Rodgers allanó un tanto el camino a la reconciliación entre Favre y los Packers, al compartir el escenario con su antecesor en una ceremonia de premiación de la NFL realizada en febrero en Nueva Orleáns. Murphy, quien ha estado en contacto con Favre desde entonces, insistió el martes en que esa aparición constituyó un "primer paso".