Los movimientos liberales y juveniles que apoyaron el derrocamiento militar del presidente islamista Mohamed Morsi ahora presionan para asegurarse de que sus exigencias de cambio se escuchen ante el fuerte control que tienen los generales sobre el nuevo gobierno.

En juego está la esperanza de que la nación más poblada del mundo árabe salga de más de dos años de agitación convertida en una democracia.

El derrocamiento de Morsi trajo una ola de celebraciones después de que millones en todo el país participaron de cuatro días de protestas la semana anterior para exigir su salida.

Pero eso está dando paso a una realidad difícil para los defensores de la democracia que organizaron la protesta, incluyendo muchos de los movimientos que llevaron a la insurrección que derrocó al autócrata Hosni Mubarak en 2011 y luego lucharon contra el gobierno militar que duró 17 meses.

Muchos son recelosos de la influencia del Ejército, se muestran escépticos aunque apoye su programa de reformas e insisten en que éste no debe convertirse en una fachada liberal. Pero también se encuentran bajo una fuerte presión para mantener la unidad dentro del gobierno respaldado por los militares: el ambiente nacionalista y a favor del Ejército que ha barrido el país no toleraría romper filas en un momento en que los islamistas continúan con las protestas para exigir el regreso de Morsi.

A principios de esta semana, el jefe del Ejército emitió una declaración con lenguaje fuerte que reforzó ese mensaje, al advertir a las facciones políticas que no intentaran maniobras que retrasen el proceso.

La estrategia de los grupos revolucionarios — una serie de movimientos de izquierda, seculares y liberales — consiste en presionar con fuerza para que figuras de su confianza asuman los principales cargos en el nuevo gobierno en construcción, que dirigirá el país probablemente hasta principios del próximo año.

Hasta el momento, parecen estar teniendo éxito. Uno de los más destacados reformistas, Mohamed ElBaradei, una figura emblemática para algunos activistas, fue nombrado vicepresidente. Un economista activo en los movimientos es el nuevo primer ministro.

El nombramiento de ElBaradei es "un gran avance revolucionario", escribió en la página de Facebook de su grupo Mohammed Abdel-Aziz, un líder de Tamarod, el movimiento activista juvenil cuya campaña de peticiones contra Morsi provocó las protestas. Una vez formado el gobierno, la siguiente batalla es "imponer la visión de la revolución, sobre todo, en la constitución permanente".

El jueves, el Frente de Salvación Nacional — la principal agrupación de partidos liberales y seculares, en la que ElBaradei es un líder de alto rango — exigió que el gabinete "esté compuesto por figuras que pertenecen a la Revolución del 25 de enero".

Mucho está en juego para los movimientos: Tienen que demostrar que su jugada al apoyar el derrocamiento militar del primer líder del país elegido libremente puede traer una democracia. Cuando el jefe del Ejército, el general Abdel-Fata el-Sisi, anunció en la televisión nacional el 3 de julio que Morsi había sido derrocado, a su lado estaban ElBaradei y representantes de Tamarod, junto con el único grupo islamista que respaldó la salida de Morsi, el Partido Al-Nour, y otras figuras.

Su presencia implica que tendrían un papel en el poder. Pero los dejó expuestos a acusaciones de que los defensores de larga data de la democracia fomentaron un golpe militar. Los simpatizantes islamistas de Morsi dicen que el golpe de los militares ha destruido la democracia y está trayendo de vuelta la dictadura. Estados Unidos expresó su preocupación por la medida de los militares, a pesar de que reconoce el respaldo popular a la misma. "Está claro que el pueblo egipcio ha hablado", dijo el miércoles la portavoz del Departamento de Estado Jen Psaki.

La posición de los liberales se hizo aún más difícil después de que más de 50 manifestantes a favor de Morsi fueron asesinados por soldados y policías en enfrentamientos el lunes.

Amr Ezzat, un investigador de derechos humanos, dijo que los militares tienen que respetar las voces de los movimientos revolucionarios, que ignoraron cuando pasaron a gobernar después de Mubarak. La calle está lista para levantarse otra vez en "una nueva aventura".

"ElBaradei tiene un papel e influencia en lo que está pasando. El-Sisi sabe que hay una oposición allá afuera, que logró voltear las cosas. Debe tener un representante (en el poder). Este es un progreso", dijo.

Si los políticos retroceden en sus promesas democráticas, los grupos de activistas en el terreno dicen que están dispuestos y son capaces de echarse a las calles de nuevo para renovar sus reclamos de justicia social, respeto a los derechos humanos y las libertades civiles y mayor rendición de cuentas del gobierno y el Ejército.

Algunos ya están consternados por el retorno del poder militar y de la Policía, que eran odiados bajo Mubarak pero ahora disfrutan la alabanza pública después de apoyar la destitución de Morsi.

Sally Toma, un activista de larga data, calificó lo que ha pasado como "un golpe de estado contra la revolución".

"Estamos en contra de las fuerzas armadas y de la Hermandad. Luchamos contra ambos", dijo. "Estamos de vuelta al punto de partida. Nuestras exigencias son las mismas".

Los movimientos liberales ya están preparados para contestar cualquier señal de que el nuevo gobierno dé un giro en contra de su agenda.

Los asesinatos de los partidarios Morsi el lunes también se convirtieron en una prueba moral para los defensores de la democracia. Grupos de derechos humanos se debaten entre su mandato para documentar las violaciones y sus reservas acerca de la propia actitud de la Hermandad hacia los defensores de derechos humanos.

Ghada Shahbender, una importante activista, dijo que su "dilema personal" era que los grupos de derechos defendieron a los islamistas reprimidos durante el régimen de Mubarak, pero después de la caída de Mubarak, la Hermandad se volvió en contra de los activistas. "Hoy se supone que debemos ir a defenderlos".

Después de los asesinatos, Shahbender dijo que los abogados de derechos humanos fueron a la morgue para documentar las muertes y ayudar a las familias a encontrar a sus seres queridos fallecidos. Los abogados de la Hermandad los rechazaron y dijeron que su ayuda no era necesaria.

En los últimos dos años, funcionarios de la Hermandad acusaron a los grupos de derechos humanos de estar financiados desde el extranjero e hicieron eco de las justificaciones de los militares para la represión de los manifestantes durante el gobierno militar posterior a Mubarak.

Shahbender dijo que ella también ha estado documentando los ataques de los partidarios de Morsi a sus oponentes en las últimas semanas. En un incidente en El Cairo cerca de donde ella vive, dijo, "se encontraban en la cima de una mezquita y le dispararon a la gente a sangre fría... Estoy tratando de ser imparcial, pero soy un ser humano".

Ella también refleja la esperanza de que las figuras reformistas en el gobierno, como ElBaradei, harán avanzar su causa, y señaló que el nuevo presidente interino pidió una investigación sobre los homicidios.

Además, añadió, "tenemos un vicepresidente que siempre ha impulsado la agenda de derechos humanos al primer plano".