La República Checa tiene desde hoy, por designio presidencial, un nuevo Gobierno tecnócrata que no ha sido consensuado con el Parlamento, lo que abre un período de incertidumbre.

La disyuntiva está entre acordar la disolución de la Cámara baja, lo que requiere una mayoría de 3/5 (120 sobre 200 escaños) y que desencadenaría un proceso de elecciones anticipadas, o acordar apoyos puntuales al Gobierno presidido por Jiri Rusnok, cuyo cometido principal es preparar los Presupuestos Generales de 2014.

Mientras tanto, como solicitó hoy la jefa de la Cámara baja, Miroslava Nemcova, los legisladores deberían cerrar los trámites parlamentario de todos aquellos proyectos de ley en marcha y que resultan menos conflictivos.

La designación unilateral de este Ejecutivo como salida a la crisis política creada por la dimisión en junio, debido a un caso de corrupción, del primer ministro Petr Necas, ha sido interpretada por los partidos parlamentarios como una declaración de guerra por parte del jefe del Estado, Milos Zeman.

Algunos analistas consideran que se trata de una maniobra del presidente para debilitar a sus antiguos correligionarios del Partido Socialdemócrata (CSSD).

"Es un paso para debilitar al CSSD, ya que (Zeman) está descontento con la dirección actual", dijo hoy a la cadena estatal CT4 el politólogo Jan Bures.

Y es que tres de los nuevos ministros del Gabinete son o han sido militantes de CSSD, lo que ha dividido a la base de la formación izquierdista, en la que aún hay simpatizantes de Zeman, que abandonó el partido a mediados de la década pasada.

Se podrían obtener, entre estos votantes, réditos electorales en las próximos comicios legislativos de 2014 para el Partido de los Derechos del Ciudadano (SPO), del que el jefe de Estado es presidente honorífico, y del que Rusnok, también exmilitante socialdemócrata, se perfila como uno de los principales candidatos.

Así las cosas, Zeman se convierte en el primer alto mandatario en la historia democrática, después de Václav Havel y Václav Klaus, que hace oídos sordos a los legisladores.

Tras la dimisión de Necas, los diputados notificaron a Zeman el nombre de una candidata que sí gozaba de apoyo para formar Gobierno y someterse con éxito a la votación de investidura, una sugerencia que el presidente ignoró.

Aún no se han definido las posiciones de los distintos partidos sobre la votación de investidura del equipo de Rusnok, prevista en un plazo máximo de un mes.

En el caso de que Rusnok no logre la confianza del pleno -lo que requiere la mayoría simple de los legisladores presentes-, el presidente debería nombrar otra vez a un primer ministro, que volvería a proponer Gobierno y pedir el refrendo parlamentario.

Entre tanto, Zeman pidió hoy al nuevo Gabinete que evite las presiones políticas y respete la independencia de la Policía y la Fiscalía en la investigación por corrupción que provocó la dimisión de Necas.

"Confío en que sean ustedes garantía de que los asuntos turbios no se barran bajo la alfombra; de que por presiones políticas los mafiosos no se conviertan en ciudadanos inocentes", apostilló Zeman.

El presidente se refirió a la reciente detención, en una operación policial sin precedentes, de tres parlamentarios, la jefe del Gabinete del Ejecutivo anterior y varios miembros de la Inteligencia militar, y en la que se incautaron casi 6 millones de euros.

"El Gobierno y los políticos no puede decidir si la medidas tomadas durante la investigación fueron proporcionadas; pueden decidirlo únicamente jueces independientes", añadió Zeman sobre la controvertida medida, a la espera de un veredicto final que puede tardar dos o tres años, según declaró a los medios locales el abogado Tomas Sokol, que defiende a uno de los inculpados.