Un médico de Las Vegas y dueño de una clínica de endoscopía fue declarado culpable el lunes de los 27 cargos criminales en su contra — incluyendo asesinato no premeditado — por un brote de hepatitis C de 2007 que las autoridades calificaron como uno de los más grandes en la historia en Estados Unidos.

Un ex empleado en la clínica de Dipak Desai en el sur de Nevada, el enfermero-anestesista Ronald Lakeman, fue declarado culpable de 16 de 27 cargos, pero no de asesinato por la muerte de Rodolfo Meane, de 77 años, ocurrida en abril de 2012.

Los abogados defensores de ambos hombres dijeron que apelarán.

Desai, un ex miembro de la junta médica del estado de Nevada, entregó su licencia médica, se declaró en bancarrota y entregó la operación de sus negocios a familiares y abogados en años recientes. Cuando se leyó el veredicto, Desai se limitó a mirar al frente.

Sus abogados mantuvieron durante el juicio que Desai no estaba apto para enfrentar juicio por los efectos de varias apoplejías en años recientes.

La esposa de Desai, Kusam, sollozó calladamente y una de sus hijas adultas lloró cuando Desai y Lakeman fueron esposados y sacados de la corte con rumbo a la cárcel, donde esperarán la audiencia de sentencia programada para el 5 de septiembre.

Desai, de 63 años, y Lakeman, de 66, enfrentan la posibilidad de cadena perpetua por delitos que se les imputan.

Los jurados escucharon a más de 70 testigos durante siete semanas de testimonio sobre un caso que sacudió la comunidad cuando el brote fue hecho público en febrero de 2008. Las autoridades de salud emitieron avisos que llevaron a 63.000 pacientes de la clínica a someterse a análisis por enfermedades potencialmente fatales, incluyendo hepatitis y VIH.

Los investigadores atribuyeron el brote a prácticas inseguras de inyecciones y rastrearon el origen de las infecciones de nueve personas a las clínicas de Desai. Investigadores locales y federales dijeron que pensaban que infecciones de otros 105 pacientes con hepatitis C pudieran estar relacionadas con prácticas similares. En esos casos, no obstante, dicen que no pudieron descartar otro origen.

Fiscales dijeron que Desai y Lakeman pusieron negligentemente en peligro a pacientes al reusar jeringas y ampolletas de la anestesia general propofol durante tratamientos en una clínica en la que se prefería la velocidad a la seguridad del paciente.