Nueva York, la ciudad donde se produjo el primer desfile del Orgullo Gay hace 43 años, celebró hoy su diversidad con ilusiones renovadas tras la consecución de la igualdad ante las leyes federales del matrimonio homosexual y con la primera candidata a la alcaldía lesbiana.

Celebración y política fueron los hilos argumentales del desfile del domingo que atravesó Manhattan desde la Quinta Avenida a la altura de Midtown hasta el Greenwich Village, pasando por el bar Stonewall Inn, donde en 1969 sucedieron los disturbios que un año después se conmemoraron en forma del primer desfile del Orgullo Gay.

El carácter festivo estuvo marcado por la victoria legal el pasado miércoles de Edith Windsor, la mujer de 84 años que con su denuncia contra la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA) por unos impuestos de sucesión (que no le reconocían viuda de su esposa), generó el efecto dominó que consiguió la igualdad antes las leyes federales de las uniones entre personas del mismo sexo.

Windsor, genio y figura, fue sin duda la estrella del desfile, lleno de pancartas con su nombre, abanicos con su cara y camisetas con su silueta y del que fue madrina, con energía desbordante y vestida de blanco, junto a Harry Belafonte y Earl Fowlkes.

Gracias a ella, la veteranía se convirtió en un grado en esta edición, mostrando muchas parejas su amor longevo, como Pamela Camhe y Jordy Mark, que presumían de llevar 38 años juntas y sentirse "muy orgullosas de que existan cada vez más opciones".

"Todo tiene que ver con eso, con que exista la opción y luego que cada uno decida si la aprovecha o no", aseguraban reconociendo que ellas, pese a todo, preferían no casarse.

Ninguna opción del amplio espectro de los deseos y las apetencias, de las nacionalidades y las profesiones, quedó el domingo sin representación en esta a veces hedonista, a veces activista, pero siempre colorida y orgullosa manifestación.

Grupos de latinos o rusos, gremios desde farmacéuticos hasta policías y carpinteros e incluso empresas, mostraron su apoyo a la comunidad LGBT en Nueva York.

Durante el desfile del domingo también algunas iglesias, espicopalianes y presbiterianas, recordaron que la fe no está reñida con ninguna orientación sexual al tiempo que proveyeron de agua a los que desfilaron bajo el día de bochorno estival neoyorquino.

Tampoco faltaron algunos de los que en 1970 abrieron el camino que convertiría esta marcha en una fiesta universal, que no pudieron evitar emocionarse por el gran paso.

"Me siento totalmente sobrecogido. Todos estos años luchando, por nosotros y por las nuevas generaciones. Hoy hemos venido, somos ahora muy pocos apenas veinte, pero cientos de nuestros compañeros han muerto. Otros no tenían la energía para venir", dijo entre lágrimas uno de ellos, Dennis Siple.

E, inevitablemente, otro de los colectivos que estaba más festivo tras el fallo del Tribunal Supremo era la comunidad emigrante, que verá por fin traducido el matrimonio homosexual en residencia legal en Estados Unidos.

"Ahora puedo decir que soy un estadounidense completo", señaló el peruano Alejandro Castro, tras 40 años en el país, haber perdido a una de sus parejas y no habérsele reconocido ningún derecho.

El desfile comenzó tras cantarse el himno de Estados Unidos a las doce en punto de la mañana hora local (16:00 GMT).

En la caminata participaron asociaciones, como Centro LGBT de Nueva York, y políticos, como el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, o la demócrata Christine Quinn, que aspira a convertirse en la primera alcaldesa abiertamente homosexual y cuyas pancartas de apoyo eran otro de los hilos argumentales del desfile.

También se expresó la necesidad de recordar que, pese a los avances, todavía queda trabajo por hacer en un año agridulce para la comunidad homosexual, debido al aumento de actitudes y ataques homófobos, con el caso de Mark Carson como el de mayor gravedad.

Carson fue asesinado en mayo en un acto de violencia homófoba que puso en duda la calidad de Nueva York como meca de la tolerancia hacia la orientación sexual de los individuos.

"Es el desfile más emocionante en los dieciocho años que he venido", reconoció una mujer, que prefirió no dar su nombre pero que desfilaba con otros miembros del Centro LGBT de la ciudad. "Y sigue siendo necesario, sin duda. Todavía quedan muchos campos en los que trabajar", concluyó.

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Mateo Sancho Cardiel