En la primavera y verano de 2014, el pantalón será corto para Dior Homme y bombacho para Gustavolins, como defendieron en las colecciones que presentaron hoy, penúltima jornada de la semana de la moda masculina de París.

Por la rodilla, con pinzas o en cuero, pero corto. Dior no deja lugar a dudas: el pantalón que descubre el gemelo, si se lleva con una americana a juego, resulta apto para eventos elegantes.

Además del negro, el ciruela y el azul, con sus respectivos matices, coparon el desfile que se desarrolló en el Tennis Club de París, en el exclusivo distrito dieciséis de la capital francesa.

El belga Kris Van Assche apoyó su creatividad para Dior en un "patchwork" continuo que incluía incursiones metalizadas, en referencia a las esculturas del artista estadounidense John Chamberlain construidas con piezas de coches.

El desfile se desarrolló en un espacio presidido por un laberinto de espejos que, al paso de los modelos, reflejaba las americanas de cuero de manga corta, las chaquetas de hombros caídos y cintura corta y los impermeables brillantes.

Desde la primera fila, observaron la colección el actor estadounidense Zachary Quinto, el franco-marroquí Gad Elmaleh, la francesa Adèle Exarchopoulos, reciente ganadora de la Palma de Oro de Cannes, y el español Miguel Ángel Silvestre.

"Es un privilegio poder venir al desfile de Dior", confesó a Efe Silvestre, quien explicó que se siente cada vez más atraído por la moda y que asistir a este evento le viene "muy bien" para su trabajo en la serie "Galerías Velvet", pendiente de estreno.

El brasileño Gustavo Lins acercó su colección al gran público al presentarla en la calle, en la escalinata de la antigua sede de la Bolsa, y con modelos no profesionales.

Vistieron sus prendas hombres de diferentes orígenes -de África a Japón, pasando por la península Ibérica y América Latina-, de varias edades y distintas complexiones.

"Yo quería hacer algo 'mezclado', como es Brasil", aseguró a Efe Lins, quien también tomó París como referencia por su "diversidad cultural, étnica y estética".

"Hay pantalones con pliegues para hacer como 'sarouel' (bombachos, de tiro bajo), hay muchas chaquetas estructuradas, muy cerca del cuerpo, y hay varias prendas pintadas a mano", explicó el diseñador.

La seda, el algodón, el lino y la piel se declinaron en negro, azul tinta, celeste y blanco, con tímidas incursiones en lima y rosa palo.

Smalto se refugió en los años setenta para explorar todas las posibilidades que ofrecía el traje: los pantalones con pinzas que se estrechan en el tobillo, o que bajan rectos, y las americanas que se mantienen ajustadas.

"No queremos hacer chaquetas muy cortas porque rompen un poco la silueta del hombre. Hemos mantenido el largo tradicional y hemos trabajado las solapas, que tienen una forma un poco redondeada", explicó a Efe su diseñadora, la suiza de origen coreano Youn Chong Bak.

La primavera-verano de Smalto es en lino, seda salvaje o piel -con su versión en ante- en tonos ocres y marrones, rosas, azules y beis.

Los chalecos de punto, los tirantes y los estampados, junto a las televisiones antiguas, la máquina de escribir o la proyección de escenas de la película de Steven Spielberg "Catch Me If You Can" ("Atrápame si puedes"), albergan la esencia de la que fue la época de mayor esplendor de la marca.

El creador surcoreano Songzio hizo girar su colección en torno a un estampado procedente de un cuadro que representaba un bosque de pinos: trazos gruesos y próximos en rojo, azul o verde, combinados con blanco.

Los pantalones capri, los pirata, los pantalones cortos de tenis o de baloncesto y las bermudas "oversize" vistieron la silueta masculina.

Kenzo persiguió los pantalones anchos y los estampados de olas de mar y de mensajes escritos en una botella, mientras Miharayasuhiro ensalzó las solapas y las impresiones.