Aunque caía una suave llovizna y había que abrirse paso entre las decenas de animales silvestres que buscaban alimentos, las cataratas del Iguazú compartidas por Argentina y Brasil se exhibían el jueves espléndidas debido a la crecida del río que les da nombre y que obligó a clausurar temporalmente la pasarela que conduce a la llamada Garganta del Diablo.

Un comunicado de la empresa Iguazú Argentina, concesionaria de la explotación comercial y cuidado del parque nacional del mismo nombre, informó que "se puso en marcha el protocolo de emergencia destinado a resguardar la infraestructura, procediéndose al rebatimiento de las  pasarelas que conducen al circuito Garganta del Diablo, tramo amenazado por las crecidas".

Agregó que "las intensas precipitaciones que cayeron en el sur de Brasil generaron una crecida en el caudal del río Iguazú desde el sábado 22 de Junio". La Garganta del Diablo es un conjunto de cascadas de 80 metros de altura que confluyen en una angosta garganta que concentra el mayor caudal de las cataratas del Iguazú.

La administración del parque del lado brasileño indicó que hasta hace un par de semanas el caudal de agua en las cataratas era de 1.500 metros cúbicos por segundo pero que el jueves alcanzó los 13.000 metros cúbicos por segundo.

La concesionaria argentina adelantó que la pasarela que lleva a la Garganta del Diablo tendrá su "reapertura al día siguiente de la normalización del caudal del río", que de acuerdo con los pronósticos locales podría ocurrir dentro de tres días, aproximadamente.

Pese al día gris, centenares de turistas cubiertos con pilotines se encontraban observando parte de los 275 saltos de agua acompañados por coatíes, unos mamíferos carnívoros conocidos localmente también con el nombre cariñoso de "ositos de los palos".

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