El juicio contra el gángster James "Whitey" Bulger que acaba de comenzar en Boston va camino de convertirse en un dramático cruce de acusaciones, digno de las mejores películas de cine negro, en el que se entremezclan deslealtad, corrupción policial y crueldad sin límites.

"Whitey" Bulger, de 83 años, y a quien inmortalizó el actor Jack Nicholson en la película "The Departed" de Martin Scorsese, fue el jefe de la mafia irlandesa en Boston en los años 70 y 80.

Durante esas décadas, la banda de Bulger, centrada en el sur de Boston, y sus rivales de la mafia italiana, con conexiones en Nueva York, protagonizaron una sangrienta batalla por el control de la ciudad en unas escenas que se reviven ahora en el juicio que se celebra en Boston.

Bulger está acusado de 19 asesinatos durante sus años al frente de la temida "Winter Hill Gang", que controlaba gran parte del negocio de tráfico de drogas, extorsión y las apuestas ilegales de la ciudad.

El mítico gángster escuchó esta semana esposado y con mirada seria cómo su antiguo socio y sicario Joe Martorano relataba su sangre fría a la hora de ordenar ejecuciones.

En una de ellas, ambos se subieron juntos a un automóvil para acompañar a otro asociado, Thomas King, con el objetivo de llevar a cabo un "encargo", pero antes de llegar al destino Martorano desenfundó y le disparó a King en la cabeza ante la tranquila mirada de Bulger.

Poco después, y al pasar por un puente cerca de donde supuestamente se habían deshecho del cadáver, Martorano recordó la ironía de Bulger al decirle: "Quítate el sombrero, ahí está Tommy (Thomas King)".

La defensa de Bulger, por su parte, ha presentado a Martorano como un asesino capaz de cualquier cosa por dinero, y ha criticado el que haya colaborado con la justicia para rebajar su pena.

Martorano, que enfrenta 20 cargos de asesinato, de los que 12 habrían sido bajo las órdenes de Bulger, reveló con tristeza el profundo impacto que sufrió al conocer en la década de 1990 que Bulger y otro socio, Stephen Flemmi, habían trabajado como confidentes de la policía durante años.

"Cuando me enteré de que eran confidentes, me rompieron el corazón. Eran mis socios, mis mejores amigos, eran los padrinos de mis hijos", afirmó Martorano, quien recordó que puso de nombre a su hijo menor James Stephen en honor de Bulger y Flemmi.

Según la investigación, Bulger y Flemmi mantenían sus operaciones al margen de la ley mientras ofrecían pistas a los agentes federales acerca de la actuación de la mafia italiana, sus grandes rivales.

En semejante trama no podía faltar la figura del policía corrupto, el agente del FBI John Connolly, criado en el mismo barrio que Bulger, que avisaba a los gángsters sobre los operativos policiales, y quien actualmente también cumple condena en Florida.

Y, en la vuelta de tuerca final, la conexión política.

El hermano de "Whitey" Bulger, William, era un conocido político demócrata local que llegó a ser presidente del Senado de Massachusetts y estuvo al frente de la prestigiosa Universidad estatal hasta que los vínculos con su hermano, con quien supuestamente conversó mientras estaba huido, obligaron a poner fin a su carrera pública en 2003.

Sin recursos, y tras pasar más de una década en la cárcel, Martorano, de 72 años, ha recurrido a los estudios de cine para vender la historia de su vida y salvar su maltrecha economía, ya que ha declarado que sus únicos ingresos proceden en la actualidad de la Seguridad Social.

La versión de Martorano podría funcionar a modo de secuela de la producción cinematográfica "The Departed", que se estrenó en 2007.

Lo que no aparece en la película son las andanzas posteriores de Bulger, quien huyó en 1994 y permaneció durante 16 años escondido en un sencillo apartamento de la plácida Santa Mónica, una acomodada ciudad del condado de Los Ángeles a orillas del Pacífico, junto a su compañera sentimental Catherine Greig, mientras el FBI lo ubicaba en la lista de los fugitivos más buscados junto a Osama bin Laden.

En el último giro cinematográfico y ante la incapacidad de localizar al gángster, los agentes federales se enfocaron en el paradero de Greig, conocida por su pasión por la cirugía estética, a quien finalmente descubrieron en 2011, acompañada por un ligeramente envejecido Bulger, que vivía bajo otro nombre.

Se espera que el juicio, que comenzó el pasado viernes, dure unos tres meses. Por el tribunal desfilarán una larga de lista de testigos, entre ellos antiguos criminales, ex policías y familiares de víctimas.

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Alfonso Fernández