La guerra siria y el escándalo del masivo espionaje estadounidense en la red amenazan con ensombrecer la cumbre de mañana del presidente de EEUU, Barack Obama, y la canciller alemana, Angela Merkel, dos socios estrechos que no pasan por su mejor momento.

Su reunión en la Cancillería y el posterior discurso ante la Puerta de Brandeburgo serán los hitos del primer viaje de Obama a Alemania como presidente, una visita de apenas 24 horas con una poliédrica mezcla de diferencias políticas, disimuladas reticencias personales y el afán mutuo de un mejor entendimiento.

Los desencuentros entre Obama y Merkel -que se remontan a la visita a Berlín del estadounidense cuando aún era candidato y la canciller le impidió hablar ante la puerta de Brandeburgo- se extienden a los principales asuntos que ambos tienen sobre la mesa.

El peor trago para Obama será tener que dar cuenta a su interlocutora de los detalles del programa PRISM de espionaje masivo a través de internet, debido a la polémica que esa estrategia de los servicios secretos estadounidenses ha despertado en Alemania, un país especialmente sensible con la protección de datos.

Merkel ya ha anunciado que sacará a colación ese tema en la reunión, después de ponerse en contacto con la embajada de EEUU en Berlín y con el Departamento de Justicia para reclamarles información sobre los ciudadanos alemanes afectados.

La guerra civil en Siria es otro de los asuntos donde persisten las diferencias, pues mientras Washington acaba de anunciar que armará a los rebeldes porque el régimen de Bachar al Asad ha empleado armas químicas, Berlín ha descartado vehementemente suministrar armamento a los opositores por los riesgos que cree que esto conllevaría.

El Gobierno alemán, no obstante, se prestó el pasado fin de semana a negociar "intensamente" con sus socios para estudiar cómo se pueden "reforzar" las "capacidades defensivas" de los rebeldes, en un intento de no quedar aislado.

Otros asuntos de política exterior que han causado fricciones bilaterales en el pasado son la cárcel de Guantánamo y el empleo en el norte de África de aviones no tripulados o "drones" por parte de EEUU que se dirigen a distancia desde bases en territorio alemán.

Todos estos temas también han provocado un amplio descontento entre los berlineses, que si bien acudieron en masa al discurso de Obama en su primera visita, ayer protestaron contra su política en una manifestación a la que acudieron unas 400 personas.

Las posiciones de Obama y Merkel son, sin embargo, coincidentes en otros asuntos, como la intervención militar internacional en Afganistán, la oposición al programa nuclear iraní y el interés mutuo en que prospere un tratado de libre comercio (TLC) entre la Unión Europea (UE) y EEUU.

Este último puede ser la piedra de toque sobre la que fundar una nueva fase en las relaciones entre ambos líderes, que consideran esencial alcanzar un acuerdo rápido sobre un tema que puede tener importantes repercusiones en el crecimiento y la creación de empleo a ambos lados del Atlántico.

La crisis de la eurozona, por una vez, no será el asunto primordial de una cumbre de Merkel, aunque no se descarta que Obama se interese por la evolución de la situación económica en el viejo continente.

Contra las diferencias y decepciones, Obama podrá además en esta visita resarcirse y pronunciar su frase para la historia ante la icónica Puerta de Brandeburgo, tal y como ya lo hicieron sus antecesores John F. Kennedy y Ronald Reagan.

El presidente de EEUU también será recibido por el presidente alemán, el independiente Joachim Gauck, y se entrevistará con el candidato socialdemócrata a las elecciones parlamentarias de septiembre, Peer Steinbrück.

Si bien Steinbrück está políticamente más cerca del presidente estadounidense que la cristianodemócrata Merkel, algunos ven en esta entrevista la respuesta de Obama a la presunta equidistancia que guardó la canciller al negarle un discurso ante la puerta de Brandeburgo para no injerir en una campaña electoral de otro país.

La visita comenzará esta noche -el aterrizaje está previsto para las ocho de la noche (18.00 GMT)- y se cerrará mañana por la noche con una cena de gala en el Palacio de Charlottenburg, en la que participarán la esposa del presidente, Michelle Obama, y las dos hijas de ambos, Malia y Sasha.

Con ese momento dulce tratarán de sellar un nuevo comienzo dos líderes mundiales que se necesitan mutuamente: la mujer más poderosa de Europa y el primer presidente de EEUU desde Dwight D. Eisenhower que no visitó Berlín en su primer mandato.

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Juan Palop