Hace un año Julian Assange se libró de responder ante la justicia de Suecia. En vez de cumplir con el fallo de la Corte Suprema británica de que fuera al país escandinavo para ser interrogado por acusaciones de agresión sexual, el fundador de WikiLeaks se refugió en la embajada de Ecuador en Londres.

Sigue ahí y ahora dice que no saldrá del lugar incluso si Suecia se desiste del caso, que ha provocado un insólito estancamiento diplomático.

En declaraciones que parecen alejar más que nunca una solución al caso, el australiano de 41 años dijo que su temor a que Estados Unidos ordene su arresto por divulgar secretos implica que "si el gobierno sueco desiste inmediatamente de su solicitud mañana, aún no puedo salir de esta embajada".

"Si salgo por la puerta delantera podría ser arrestado con relación a Estados Unidos", destacó Assange en una entrevista que concedió a un pequeño grupo de periodistas con motivo del primer aniversario de su ingreso a la embajada, que se cumple el miércoles.

Assange considera que la extradición a Suecia es simplemente un primer paso en los esfuerzos por trasladarlo a Estados Unidos, donde hizo enfurecer a las autoridades al dar a conocer documentos secretos por medio de su cibersitio, entre ellos 250.000 cables del Departamento de Estado. El soldado del ejército estadounidense Bradley Manning ha confesado que transfirió esos documentos a WikiLeaks.

Assange pasó casi dos años luchando contra su extradición por la presunta agresión a dos suecas en 2010, acusaciones que él niega. En junio del 2012 la Corte Suprema de Gran Bretaña falló en su contra, por lo que él decidió pedir asilo a Ecuador, cuyo gobierno de izquierda le había expresado su respaldo.

Mientras permanezca dentro de la embajada de la nación sudamericana, en un departamento de la planta baja de un elegante edificio cercano a la lujosa tienda departamental Harrods, está fuera del alcance de las autoridades británicas.

Pero los agentes están en guardia permanente frente al edificio y en el vestíbulo, en caso de que Assange decida salir del lugar. La policía londinense dijo que el costo de la operación de vigilancia de la embajada les ha costado 3,8 millones de libras esterlinas (casi seis millones de dólares) hasta fines de mayo.

Assange, un ex pirata cibernético y enemigo confeso de los secretos de estado cuya imagen pública refleja una absoluta seguridad en sí mismo, no admite en público tener duda alguna sobre su decisión para solicitar asilo.

"Estratégicamente, ha sido exactamente lo que yo esperaba", destacó Assange. Sigue captando titulares gracias en parte a que recibe la visita de una serie de celebridades en su escondite de la embajada, entre ellas la cantante Lady Gaga y la diseñadora de moda Vivienne Westwood.

Pero el activista admite que su año bajo techo le ha pasado la factura a su salud. Su tono de piel pálido está ahora más blanco. Habla en voz enronquecida apagada, dando ocasionales sorbos a una taza con el logotipo de la banda de metal pesado AC/DC.

Niega que haya estado enfermo y rechaza las versiones de que ha tenido problemas en el pecho. Se ejercita en forma regular — un simpatizante le obsequió una máquina para correr — y se ha valido de una lámpara bronceadora a fin de compensar la falta de luz natural.

Pero aparte de ocasionales apariciones en el pequeño balcón de la embajada para hablarles a los simpatizantes de WikiLeaks, no ha salido en un año.

Lamentó que se haya enjuiciado a Manning y elogia como héroe a Edward Snowden, el contratista de la Agencia Nacional de Seguridad que filtró información de que el gobierno estadounidense tenía programas para espiar los ciudadanos.

Assange cree que ya hay una acusación formal secreta contra él en Estados Unidos y posiblemente un pedido estadounidense de extradición. Afirmó que no dejará la sede diplomática "hasta que el gobierno británico no dé cierta información o garantía de que tengo vía libre".

Por ahora compone música con el rapero puertorriqueño Calle 13.

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Jill Lawless está en Twitter como http://Twitter.com/JillLawless