Debutó en el cine como figurante especial en "El Gatopardo" de Visconti, y se dio a conocer como el perturbado Alessandro de "Las manos en los bolsillos" (Il pugni in tasca), de Marco Bellochio, pero a sus 70 años Lou Castel asegura que más que un verdadero actor, entonces era un rebelde con causa.

"En los sesenta podías hacer una película mala, pero eras más libre", dice a Efe el actor de origen colombiano que, en plena efervescencia izquierdista de la época no dudaba en abandonar el plató tras ocho horas de rodaje. "Bellochio vio en mi esa rebelión interna y la utilizó, pero no era el actor, era yo mismo", asegura.

Castel, que también ha trabajado con otros grandes como Rainer Werner Fassbinder o Wim Wenders, presenta estos días en España "La Lapidación de Saint Étienne", el segundo largometraje del director catalán Pere Vila Barceló, en el que interpreta a un anciano enfermo que vive encerrado y solo en su apartamento.

Abandonado a sí mismo y atrapado en la nostalgia de haber perdido a su mujer y su hija, Étienne sufre el acoso de la propietaria de la casa y de los vecinos, que quieren desahuciarlo.

La película, producida por Luis Miñarro, obtuvo el Premio FIPRESCI en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (España) y el Grand Prix en Katowice (Polonia) y llegará a los cines el próximo 21 de junio.

Para preparar el personaje, durante un mes Castel, que también es pintor y videoartista, se asomaba al balcón de su casa -"un lugar en la frontera, ni dentro ni fuera", describe- y trazaba de forma intuitiva colores sobre el texto.

Así iba descubriendo los matices del personaje y del guión, que califica de "minimalista".

Pese al título de la película, el actor no cree que Étienne sea una víctima y considera que su obsesión ante todo, es ser "poder ser autónomo" y es por ello que rechaza toda mediación exterior.

Del rodaje con Visconti recuerda la emoción de ver por primera vez los entresijos del cine, hablar con Burt Lancaster o ver a Alain Delon, pero también reconoce que la percepción que tenía entonces del director italiano era distinta.

"Ahora Visconti es Visconti, pero entonces era: ¡Oh no, Visconti el decadente!", exclama.

Dice que la película de la que se siente más orgulloso es "Graze zia" (1968), dirigida por Salvatore Semperi, por "la sensación de libertad" y la posibilidad de improvisar, pero también fue esa cinta la que desató su crisis como actor y supuso un punto de inflexión en su carrera.

"Durante el montaje, el productor y el distribuidor añadieron una escena donde Lisa Gastoni aparece desnuda para que la película fuera más comercial. Fue toda una ilusión que se derrumbó. Pensé: ser actor no sirve de nada", dice.

Castel se volcó entonces en la militancia política, se marchó al sur de Italia "a hacer agit prop", y aunque continuó haciendo algunas películas, durante diez años lo hizo con la "excusa" de financiar la causa.

"Cuando fracasó la política revolucionaria, en 1979, fue cuando me planteé aprender a ser actor", confiesa Castel, que aún recuerda como al volver a coincidir con Bellochio en 1983 en "Gli occhi, la boca" (Los ojos, la boca), éste le reprochaba que era "muy malo".

A lo largo un centenar de películas Castel ha visto cómo ha cambiado el mundo del cine. "Antes se hablaba de la escena antes de rodarla. Ahora, gracias al vídeo, se analiza después", dice.

Pero hay cosas que a sus ojos no han cambiado lo suficiente y, cuando el actor las relata, desvela cuanto de aquella rebeldía le sigue acompañando.

"Veo todos los días en los sets los conflictos que surgen en los rodajes", las relaciones son muy "rígidas" y "jerárquicas", señala.

Pero "el mundo está cambiando, la economía verde, las formas de producción, y también debe cambiar la forma de hacer cine. Somos personas, no jerarquías".

Magdalena Tsanis.