Con ocho oscuras canciones, el nuevo disco de la banda británica de heavy metal Black Sabbath, bautizado como "13", es el primero en 35 años con el vocalista Ozzy Osborne a la cabeza.

Este martes llega a las tiendas el nuevo trabajo de la banda de Birmingham (este de Inglaterra), fundada en 1968 y cuya música supuso un antes y un después en la historia del rock en general y el heavy metal en particular.

Pese al tiempo transcurrido, la formación original de Black Sabbath retorna al estudio de grabación sin traicionar el estilo que los inscribió entre los grupos musicales más determinantes del rock: sonido potente, instrumentos en tonos bajos y letras siniestras.

A la característica voz de Osborne, de 64 años, le acompañan el guitarrista Tony Iommi, de 65, y el bajista Geezer Butler, de 63; sólo falta el batería original, Bill Wards, que abandonó el proyecto por no llegar a un acuerdo económico.

A Wards le sustituye el estadounidense Brad Wilk, de 44 años y procedente de la banda de rap metal Rage Against The Machine.

Los seguidores de Black Sabbath pueden ya disfrutar del disco en streaming gracias a la plataforma iTunes, si bien en abril se desveló el primer single del decimonoveno álbum de estudio de la formación, "God is Dead?" ("¿Ha muerto Dios?").

Un tema de casi nueve minutos de duración y que la banda ha querido relacionar rápidamente con la filosofía del pensador alemán Friedrich Nietszche, nihilista autor de "Así hablo Zaratustra" en la que proclamó el conocido grito de "¡Dios ha muerto!".

En "13", los riffs de Iommi brillan en temas como "Live Forever", "Dear Father" o "The End of the Beggining", canción que abre el disco y que se estrenó el pasado 15 de mayo en un capítulo de la serie estadounidense "CSI" (Crime Scene Investigation).

En general y a excepción de canciones como "Zeitgeist" o "Damaged Soul", los seguidores reconocerán en "13" el universo musical del grupo que admiran desde 1970 gracias a los discos "Black Sabbath" y "Paranoid".

Inspiración de bandas posteriores como Metallica, Iron Maiden, Black Flag o Judas Priest, entre muchos otros, los de Birmingham abrieron un nuevo camino para el rock -que en los 70 vivía una etapa de plena efervescencia- al potenciar el sonido y la fuerza de la guitarra para componer una música densa y fuerte.

Con un éxito cultivado entre el público y no tanto entre la crítica en un primer momento, un año después de editar su octavo trabajo, "Never Say Die" (1978), Osborne dejaba Black Sabbath para ser reemplazado por el vocalista estadounidense Ronnie James Dio, fallecido en 2010.

No fue hasta 1997 cuando la formación original escenificó su reconciliación con una serie de conciertos y un disco en vivo, "Reunion", aunque fue en 2011 cuando los rockeros ingleses anunciaron a bombo y platillo un nuevo disco de estudio a las órdenes del productor norteamericano Rick Rubin.

Los Ángeles fue la ciudad en la que se grabaron en 2012 quince canciones, de las que sólo ocho superaron el corte final, si bien la edición de lujo de "13" incorpora tres canciones más ("Methademic", "Peace of Mind" y "Pariah").

Tras el lanzamiento de "13" el próximo martes, el grupo continuará con la gira mundial que comenzaron el pasado 20 de abril en Nueva Zelanda y que hasta ahora les ha llevado por Australia y Japón.

El 25 de julio darán en Houston (Texas, EEUU) el primero de veinte conciertos a lo largo y ancho de Norteamérica para proseguir en noviembre y diciembre por diversas ciudades del continente europeo.

El de Black Sabbath es el último de los grandes y esperados retornos de la música británica en 2013, en el que ya ha visto la luz lo nuevo del padre del "glam rock", David Bowie, alejado de los estudios de grabación durante una década.

Paula Díaz