Me encuentro en un montículo de arena junto al río Bravo, al pie de la plaza principal de Roma, que es un Monumento Histórico. La única otra persona que se ve en la plaza, rodeada de edificios viejos desocupados y la histórica Iglesia Católica Nuestra Señora del Refugio, es un agente de la Patrulla de Fronteras estacionado frente al promontorio, bajo un árbol de mezquite. Su camioneta todo terreno verde y blanca apunta hacia el río.

Del otro lado del río en esta tarde nublada en mitad de semana, residentes de Ciudad Miguel Alemán preparan mesas para picnics y parrillas portátiles a ser usados en un festejo el fin de semana. Un pony Shetland marrón pasta junto a ellos.

El río, sobre el cual se encuentra el único puente de suspensión que queda en esa vía fluvial, es lo suficientemente ancho como para que haya una isla cubierta de árboles en el medio.

"Cuando era niño, nadábamos y pescábamos aquí", le cuenta Noel Benavides, quien nació en este pueblo, al Houston Chronicle (http://bit.ly/10jHf7u). Igual que tantos otros residentes de Roma, tiene numerosos familiares del otro lado del río y lo cruzaban constantemente hasta que la violencia del narcotráfico hizo que resultase poco aconsejable. No lo ha vuelto a cruzar en cuatro años.

Benavidez, quien tiene 70 años, y su esposa Cecilia son propietarios de la tienda por departamentos J.C. Ramírez Department Store y de un cementerio. Sabe mucho acerca de Roma, de su pasado y de su presente. Puede contarte lo mucho que cambió la comunidad una tarde primaveral de hace 177 años, cuando la andrajosa unidad de Sam Houston derrotó a las huestes de Santa Anna. También puede decirte que muchas cosas siguen igual en esta ciudad que un día se despertó en el lado equivocado del río. O tal vez en el correcto.

Los edificios de ladrillo y estuco más viejos --un par de ellos fueron usados en la película de Elia Kazan de 1962 "¡Viva Zapata!", con Marlon Brando y Anthony Quinn-- fueron construidos hacia 1840, pero la mayoría de los colonos hispanos llegaron mucho antes. Venían de Nuevo León, colonizado por los españoles a fines del 1500. Las familias originales, en su mayoría judíos sefardíes, se dedicaron a la ganadería.

Roma fue fundada en 1848, una semana después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo que puso fin a la guerra con México y en el cual los mexicanos cedieron buena parte de sus territorios a Estados Unidos. Doce años después, la Guerra Civil transformó el pequeño pueblo.

Hacia 1863, cuando la Unión clausuró sectores del río Bravo para impedir el comercio de algodón, vital para la Confederación, la plaza y los embarcaderos de Roma registraban gran actividad. El pueblo era el punto más distante río arriba al que podían llegar los barcos a vapor y el más cercano al cruce fronterizo de Monterrey, que se encuentra 145 kilómetros, 90 millas) al sur.

El comercio en tiempos de guerra enriqueció a muchos estadounidenses recién llegados, incluido uno de Nueva Inglaterra llamado Charles Stillman que vino a Matamoros de joven en la década de 1820. Fundó Brownsville en 1849 y durante la guerra consiguió contratos para transportar soldados por el río en barcos de vapor. También transportó algodón a depósitos de la Confederación en Matamoros y el puerto de Bagdad, en la Costa del Golfo.

En 1866 Stillman se radicó en Nueva York e invirtió sus ganancias en el National City Bank. Su hijo James (cuyas dos hijas se casaron con jóvenes de la familia Rockefeller) convirtió el banco en la primera corporación de mil millones de dólares, el Citi Bank.

"Los millones de personas que tienen tarjetas de crédito del Citi tal vez no sepan nada de sitios como Roma", comentó el historiador Benjamin Heber Johnson, "pero el emporio financiero del Citigroup no hubiera sido posible sin los innumerables fardos de algodón que pasaron por estos pueblos fronterizos".

En los años posteriores a la independencia de Texas, comerciantes y colonos anglos asumieron el control de la mayoría de los pueblos fronterizos. Los primeros colonos perdieron sus tierras, sus casas y el derecho al voto, pero Roma resistió.

Descendientes de las familias fundadoras formaron una corporación llamada La Masa de los Herederos y sobrevivieron. Con los aportes económicos de todos, lograron evitar que los anglos se apoderasen de todo.

"Muchas de esas familias nunca se fueron ni dejaron sus propiedades", expresó Benavides. Señaló que aún quedan descendientes de las primeras familias, nueve generaciones después de la llegada de los primeros colonos.

"Eran gente educada", indicó. "Habían estudiado economía, agricultura. Siempre dije que con educación, la gente no se siente intimidada. Ellos no estaban intimidados".

Es tal vez por ello que se siente tan orgulloso del bonito campus de la escuela secundaria Roma High School en el sector occidental del pueblo. Este ex concejal y activo miembro de una comisión de trabajo regional se molesta un poco cuando se la menciona la fama de Roma como pueblo que da refugio a los narcotraficantes. Prefiere hablar de la apuesta del pueblo a la educación.

Manejando dentro del campus, señala hacia un centro artístico, un campo de béisbol en estado impecable y un campo de golf. Me cuenta acerca de un programa de música mariachi de la escuela que alcanzó prominencia nacional, de la tradición ganadora de su equipo de básquetbol, del compromiso de los empleados, "desde la junta escolar hasta el personal de limpieza".

"Es cierto, tenemos un ojo negro, pero la gente de esta comunidad es buena gente", sostuvo. "Tenemos mucha más gente buena que mala".

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Reportaje del Houston Chronicle (http://bit.ly/10jHf7u).