El secretario de Estado de EE.UU, John Kerry, está decidido a que su país vuelva a ser el mediador clave en Oriente Medio, una apuesta arriesgada que, según expertos, puede lograr que se reinicien las negociaciones de paz, pero también dañar su credibilidad y la del Gobierno de Barack Obama en la región.

Convencido de que el proceso de paz entre israelíes y palestinos tiene un plazo de "dos años como máximo" antes de fracasar definitivamente, Kerry ha recurrido a lo que los estadounidenses llaman "diplomacia de puente aéreo" para reactivar las negociaciones de paz, paralizadas desde 2010.

El jefe de la diplomacia estadounidense se ha desplazado cuatro veces a la zona en dos meses y se ha reunido en al menos ocho ocasiones con los líderes de ambas partes antes de revelar este fin de semana el primer componente de un plan de mediación que hasta ahora había mantenido celosamente en la sombra.

Durante el Foro Económico Mundial en Jordania el pasado domingo, Kerry anunció un plan diseñado junto al negociador del Cuarteto para Oriente Medio, Tony Blair, para activar un paquete de inversión de hasta 4.000 millones de dólares a la maltrecha economía palestina, siempre que haya avances en el proceso de paz.

"Las negociaciones no pueden tener éxito si ustedes no negocian. Estamos llegando a un punto crítico, en el que hay que tomar decisiones difíciles", señaló el titular de Exteriores de EE.UU.

El plan, del que Kerry ofreció pocos detalles, fue recibido con escepticismo por los palestinos, que piden soluciones políticas y no económicas; y los observadores no han tardado en recordar que para llegar a la paz "no basta" con estimular la economía palestina, como advirtió el diario The New York Times en un editorial este martes.

Aaron David Miller, un experto en Oriente Próximo del centro de estudios Wilson Center, cree que el paquete económico es "un incentivo necesario, pero no suficiente".

"No se puede comprar la paz entre israelíes y palestinos. Si se pudiera, lo habríamos hecho hace años", dijo a Efe Miller, que asesoró al Gobierno de Bill Clinton en el proceso de paz de los 90.

El analista cree que plan de Kerry "no se centra" en el incentivo económico, sino en "conseguir que israelíes y palestinos se centren y apuesten" por resolver asuntos como fronteras o seguridad, los mismos que han estancado las conversaciones durante décadas.

"Creo que Kerry conseguirá reiniciar las negociaciones. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es qué hacer al día siguiente", dijo.

Con él coincide Nathan Brown, experto en Oriente Medio en el Carnegie Endowment for International Peace, para quien los esfuerzos de Kerry "podrían funcionar, pero no se puede garantizar su éxito".

"La verdadera cuestión es si hay posibilidades de que las partes se tomen las negociaciones en serio. No creo que los observadores cercanos vean mucho potencial en ningunas negociaciones que Kerry pueda empezar", apuntó Brown a Efe.

Miller fue más lejos al advertir que, mientras los líderes de la región sigan manteniendo "enormes lagunas", unas negociaciones pueden incluso dejar el proceso "peor de como está".

"Si las negociaciones se derrumban al poco de empezar, romperán cualquier confianza que quede en el proceso", señaló Miller.

"Ahora mismo, ya estamos al límite. Nadie cree en esto. Necesitamos un éxito para reavivar el proceso y hacer que la gente vuelva a creer en él -afirmó-. Y el éxito tiene que ser duradero, no puede ser simplemente una conferencia de un día, ni siquiera un proceso de negociación".

Esas altas expectativas sitúan a Kerry ante un riesgo claro: el de seguir viajando a Jerusalén y Ramala, reuniéndose con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y no conseguir resultados tangibles.

"Eso puede minar su credibilidad", apuntó Miller. "Y este verano, puede llegar al riesgo de seguir esforzándose sin tener éxito", agregó.

El columnista de The Washington Post David Ignatius también cree que "el lapso de oportunidad de Kerry se cerrará pronto".

"Si no puede producir negociaciones antes del fin del verano, los palestinos volverán en septiembre a la ONU, y la máquina israelí de asentamientos volverá a convertirse en un problema", escribió hoy.

El énfasis de Kerry en las crisis mundiales, como Israel y Siria, le ha permitido marcar un contraste con su predecesora, Hillary Clinton, y perfilarse como un secretario de Estado que negocia en primera persona, al estilo de James Baker, el prestigioso jefe de la diplomacia del presidente George H. W. Bush (1989-1993).

Pero ese "entusiasmo y sinceridad" no son suficientes, según Marwan Muasher, coautor de la Iniciativa Árabe de Paz de 2002.

"Sólo el completo respaldo del presidente de Estados Unidos y un plan rotundo podrán impulsar este proceso. ¿Tiene Obama esa idea? Lo dudo mucho", escribió este mes Muasher en la revista Foreign Policy.