José Luis Garci, el director que reportó a la cinematografía española su primer Óscar a la mejor película de habla no inglesa, ha hablado hoy en el Instituto Cervantes de Nueva York sobre su romance con el cine de Hollywood y sus visitas anuales a la Gran Manzana para beber dry martinis.

La charla estaba diseñada como una conversación con el fiscal general del Estado, su amigo Eduardo Torres-Dulce, y el cineasta y "kinephilo, como los griegos, no cinéfilo", a propósito de la influencia de Hollywood en el cine español, pero finalmente, Torres-Dulce ha fallado a la cita por sus obligaciones con el Estado y Garci, a quien el Cervantes dedica estos días un ciclo de seis películas, se ha bastado para hacer un canto al cine que más admira.

Nacido en 1944, el director de "El crac" o "El abuelo" recordaba hoy la influencia del cine de Hollywood tanto en su vida como en su obra. "No es el séptimo arte, es el primero. Ha dado miles de obras maestras durante el siglo XX. No hay arte que haya producido tantas", asegura.

Garci ha relatado cómo una Marilyn Monroe le despertaba el deseo siendo adolescente al ver "Niágara" y muchas veces ha relatado cómo pedía a Yvonne Blake que le diseñara hábitos de monja para "Canción de cuna" lo más parecidos a los de Audrey Hepburn en "Robin y Marian" y mimetizó a Lydia Bosch con la Lana Turner de "Cautivos del mal" en "You're the One".

"El cine era una vida de repuesto en mi generación", ha aseverado el director de "Volver a empezar", película con la que hace 30 años recogió el Óscar y que mañana presentará en el Cervantes de Nueva York acompañado de la exministra de Cultura y cineasta Ángeles González Sinde.

"Me lo merecía después de toda una vida defendiendo con mis amigos el cine de Hollywood", ha dicho. Y, efectivamente, para él no hay otro cine. "Entre los años 30 y los 60 estaban en Hollywood los mejores artistas de todo el mundo", ha recalcado.

Billy Wilder llegado de Alemania, Hitchcock de Inglaterra, Scott Fitzgerald, Faulkner o Raymond Chandler escribiendo guiones o Erich Wolfgang Korngold haciendo bandas sonoras. "Eran genios pero no eran pedantes. Hacían cine como brota el agua de una fuente".

Hoy ha vuelto a cargar contra el cine de autor europeo. "Llegó la nouvelle vague, que a mí siempre me ha parecido una impostura. Y mis amigos no se atrevían a decir que se habían aburrido viendo a Antonioni. Yo pienso que a los que nos gusta el cine no nos gusta ver la vida cotidiana en la pantalla, nos gusta que el cine la sublime".

Y quizá por eso, su cine se ha ido encerrando en unos códigos de otra época, como ese "El abuelo", de Galdós, o esa "Ninette", de Mihura, que han creado ese "sello Garci", que apuesta por el doblaje en estudio y que no quiere que sus películas se vean en teléfonos móviles.

"La gente me dice que he olvidado el presente y es verdad. Ya hice cine de su tiempo con 'Asignatura pendiente', sobre el divorcio, o 'El crac' sobre una España en crisis moral con los códigos del cine negro. Pero ahora ya no. Si hubiese sido joven habría hecho una película sobre la matanza de Atocha, que tiene drama, política y lo tiene todo", ha concluido.