El director francés Jérôme Salle lleva a Orlando Bloom y a Forest Whitaker a explorar los límites del perdón en su última película, "Zulu", que este domingo clausurará el Festival de Cannes fuera de competición.

El realizador de "The Tourist" y "Largo Winch" ubica en Sudáfrica la historia de dos policías a quienes la investigación de un asesinato les acaba enfrentando a sus respectivos demonios y pasados, y dice haber hecho con este largometraje su película "más política y personal".

"Necesito entretener a la audiencia, pero también contar algo que sea importante para mí. Sé que no va a hacer mucho dinero, pero quería estar orgulloso de ella", dijo hoy en un encuentro con prensa internacional.

El filme está basado en la novela homónima de Caryl Férey, y en su traducción a la gran pantalla el director dice no haber maquillado la violencia ni las tensiones existentes en ese país tras el apartheid, escenario ideal, a su juicio, para abordar la revancha y el perdón.

Pero en el fondo se trata, según él, de una historia universal: "Cuando escuchas en Europa hablar a los alemanes sobre los griegos y viceversa, empiezas a pensar que hemos vuelto al pasado. Deberíamos tenerlo en cuenta, porque el perdón es una de las claves para vivir juntos como país, pareja y sociedad".

Bloom, famoso por las trilogías de "El Señor de los anillos" y Piratas del Caribe", no fue el primer nombre que se le ocurrió a la producción, pero se alzó como una apuesta personal de Salle y dice haber recibido con este papel todo "un regalo".

Meterse en la piel de un detective separado, con un hijo adolescente con el que apenas tiene relación, y con una afición destacable por las mujeres y el alcohol rompía el encasillamiento provocado por sus anteriores películas, y por una imagen pública que le hace ser un habitual de las revistas de moda y del corazón.

"No me corresponde a mí decir si ahora soy más respetado como actor. El respeto se gana y el trabajo que haces es un reflejo de lo que vas a obtener, pero no me di cuenta del peso de la percepción que se tenía sobre mí hasta que intenté hacer otros personajes", añadió hoy el intérprete.

Más de ocho meses de preparación física y una dieta estricta "que prácticamente se redujo a pechuga de pollo y arroz" le ayudaron a transformarse en ese personaje, y a intentar salirse de ese estereotipo de "rompecorazones" que dice no interesarle.

"Me siento libre para explorar nuevas cosas", dijo hoy a los medios en un exclusivo hotel de Cannes, satisfecho de haber participado en un proyecto que espera que haya transmitido "ese cóctel tan interesante" que resulta "cuando mezclas a gente muy rica y muy pobre, y añades el elemento racial y la historia del país".

A Whitaker, galardonado con el Óscar a mejor actor en 2007 por su interpretación del dictador ugandés Idi Amin en "The Last King of Scotland", le resultó atractivo sobre todo indagar en la represión de su personaje, en el dolor acumulado y en su manera de manifestarlo.

"No me siento atraído por la violencia en sí, sino por los conflictos emocionales, por la lucha para encontrar la paz y una vida decente, que a veces se refleja de forma violenta", señaló el actor, que cuenta en su filmografía con títulos como "Platoon" o "Smoke".

Se metió a actor, según admitió hoy, mientras decidía qué hacer con su vida. Le tomó un tiempo darse cuenta de que se iba a decantar por la actuación, y atraviesa ahora un momento en el que dice estar replanteándose "si no debería canalizar la energía en otras cosas", como la producción o el trabajo humanitario.

Esas aparentes dudas contrastan con la apretada agenda de su último año, en el que tiene otras tres películas en fase de postproducción.

"Supongo que tengo suerte. Cada director me llama diciendo que cree que soy perfecto para ese papel, y resulta que son papeles completamente diferentes", reconoció el estadounidense, que afirma haber superado la dureza con la que se juzgaba a sí mismo de joven.

El pase oficial de esta película tendrá lugar mañana, día de la clausura de Cannes, y para Salle supone un privilegio que le hace sentirse "muy orgulloso", pese a tener la sensación, según concluyó, de que se lo "juega todo" en esa proyección.